Producción de hidrocarburos en plantas chilenas2
( Publicado en Revista Creces, Abril 1980 )

En un abrir y cerrar de ojos nos llegó por el cable un nuevo término en materia de combustibles: el gasohol. Brasil ha puesto en marcha un programa nacional de alcohol destinado a la producción masiva de líquido a partir de la destilación de la caña de azúcar, con el fin de utilizarla como sustituto del petróleo en los vehículos. Ya se agrega en ese país un 15% de alcohol a la bencina para automóviles (se espera llegar al 20%) y hacia 1985 se aguarda hacer descender el consumo de petróleo a sólo un 8%. A pesar que el alcohol entrega sólo el 80% de la potencia de la gasolina, tiene la gran ventaja de no lanzar al aire contaminantes sucios ni tóxicos.

La búsqueda febril de fuentes energéticas no tradicionales está llevando a explorar cada vez más con mayor intensidad por los fueros de la energía solar. La energía solar que llega a la superficie de la tierra en 10 días equivale a todas las reservas de combustibles que se conozcan en el planeta.

Hay que indagar, entonces, qué hay de nuevo bajo el sol.


Reservorios naturales

Desde hace millones de años, las plantas verdes convierten cerca del uno por ciento de la energía solar que reciben en hidratos de carbono, mediante un mecanismo denominado fotosíntesis.

La fotosíntesis es, indudablemente, el proceso más importante de cuantos se realizan sobre la Tierra, pues suministra directa o indirectamente las sustancias nutritivas esenciales para la mayoría de las formas de vida. Además de entregar, generalmente, los compuestos de carbono para las plantas, animales (la vaca que come pasto) y la mayoría de los microorganismos, creó en tiempos prehistóricos las vastas reservas de energía potencial (carbón en Lota, petróleo en Magallanes, gas en Isla Mocha, etc.), que está utilizando el hombre en nuestros días. Hoy se sabe que el 98 por ciento de todas nuestras fuentes energéticas es combustible fósil fotosintetizado en las condiciones antes señaladas.

Hay plantas, sin embargo, que en vez de producir hidratos de carbono (glucosa, almidón, celulosa, etc.), tienen la particularidad de generar hidrocarburos, como por ejemplo el árbol del caucho cuyo hidrocarburo es acumulado bajo la forma de látex.

Hay unas dos mil plantas que producen hidrocarburos. Bajo este punto de vista, tratando de buscar una posible solución al problema surgido por la disminución gradual de las fuentes de hidrocarburos fósiles, se ha hecho necesario reexaminar algunas materias vegetales como fuentes potenciales de materias primas que puedan convertirse en hidrocarburos.
Es bien sabido que la caña de azúcar y los árboles caucheros pueden producir, bajo condiciones apropiadas, materiales de alto contenido energético. Los carbohidratos de la caña de azúcar y de otras plantas son convertidos en etanol (alcohol etílico) mediante fermentación y posteriormente éste se deshidrata a etileno. Esta misma sustancia es en la actualidad producida en el proceso de degradación del petróleo para entregar, entre otros productos, la bencina.

El látex que producen los árboles y arbustos, en especial los cauchíferos, tiene una composición química similar al petróleo, sólo que el ordenamiento de sus átomos y su peso molecular son algo diferentes. Tratando de simplificar las cosas se aprecia que la distribución de los pesos moleculares del hidrocarburo en el árbol del caucho denominado Hevea brasiliensis oscila entre cien mil a un millón. Si tal distribución pudiera reducirse a menos de diez mil y cosecharse los productos, tendríamos un árbol productor de energía utilizable por el hombre.


Lo que oculta nuestra flora

En Chile no tenemos árboles del caucho, sin embargo, la peculiar flora del país, geográficamente aislada por los cuatro puntos cardinales, encierra curiosas sorpresas. Investigadores de la Universidad de Concepción trabajan desde hace un año en una revisión detallada de las plantas chilenas productoras de látex. El proyecto lo encabezan el doctor en química Juan Bartulín Fodic y el botánico Clodomiro Marticorena Pairoa.

Tres familias de plantas son las que han acaparado el interés de Bartulín y Marticorena: las Euforbiáceas, las Compuestas y las Zygofiláceas. Aparentemente son las primeras las que muestran un espectro mayor de especies interesantes.

En las Euforbiáceas, puntualiza Marticorena, estamos trabajando con el género Adenopeltis, que tiene una sola especie, un arbusto que crece desde la IV a la VIII región. Luego revisamos el género Colliguaya, al que pertenece precisamente el colliguay y otros cuatro arbustos ampliamente distribuidos desde el norte hasta Aysén. Un tercer género, del mayor interés, es Euphorbia, que posee numerosos representantes en la zona desértica y en el cual tenemos fundadas nuestras esperanzas.

Entre las Compuestas el investigador señaló estar trabajando con los géneros Solidago y Dendroseris, esta última nativa del archipiélago de Juan Fenández desde donde se le trajo al continente y hoy se le cultiva en los jardines de la quinta región. Por último entre las Zygofiláceas se estudia el comportamiento químico del género Bulnesia, que crece también en el norte del país.


Promesas del lechero

En un área bastante reducida la segunda y tercera región, concretamente entre Paposo y Caldera, crece un arbusto que alcanza un metro de altura y posee látex en abundancia. Es el lechero (Euphorbia lactiflua). Su nombre obedece al hecho de que basta un leve roce en sus ramas para que sus vasos conductores comiencen a manar un líquido blanco lechoso, bastante usado en el sector como cáustico contra las verrugas.

El lechero crece entre las rocas que están a nivel del mar y se le encuentra hasta la cumbre de los cerros altos de la Cordillera de la Costa, donde la camanchaca moja al amanecer el suelo seco de esas soledades. Hacia 1900, el botánico alemán Reiche se interesó por aprovechar el látex del lechero en la producción de caucho, sin que su empresa tuviera mayor éxito. Las modernas técnicas actualmente en uso por la química, han hecho variar el pesimismo de Reiche, según se deduce de los resultados preliminares que informó a CRECES el doctor Bartulín:

- En el látex del lechero, hemos logrado aislar poliisopreno puro al que estudiamos mediante espectroscopía. El látex contiene entre 30 a 35 por ciento de material sólido. De éste, la mitad es poliisopreno, siendo el resto una mezcla compleja resinosa. La determinación de los pesos moleculares cae dentro de los límites bajos del caucho Hevea brasiliensis que usamos como patrón. El rendimiento es alto comparado con muestras de otras plantas que poseen potencialidad económica. Hasta ahora sabemos que el peso molecular del poliisopreno oscila entre diez mil y cincuenta mil, pero estamos realizando determinaciones más finas.

Efectivamente, el profesor Bartulín partió por tres meses a la Universidad de Mainz, Alemania Federal, con el fin de continuar las investigaciones sobre las características que presenta el compuesto más importante contenido en el látex, Si el peso molecular que se determina cae en los rangos de los 20 a 50 mil, Bartulín sostiene que el producto podría ser sometido al proceso denominado cracking, etapa fundamental en la producción de petróleo.

En otras palabras, una planta chilena podría producir petróleo.

CRECES consultó además, la opinión del botánico chileno Mario Ricardi Salinas, profundo conocedor de la flora del norte y actualmente catedrático de la Universidad de Mérida, Venezuela. Señaló:

- Me parece excelente el trabajo de Bartulín, pero es en los trópicos donde existen por excelencia plantas con látex o resinas con posibilidades de entregar ciertas formas de energía. Acaba de publicarse una información en el sentido que en Brasil se están produciendo combustibles de especies del género Copaifera, con un rendimiento de 20 litros por planta. Aquí en Venezuela existen especies de ese género. Yo podría mandar semillas a Chile. Estas plantas a los tres años son explotables y son árboles. Podría ser un recurso para ciertas zonas áridas del norte de Chile.

La Universidad de Arizona, Estados Unidos, recibió recientemente un aporte de la empresa transnacional Diamond Shamrock con el fin de determinar qué sustitutos del petróleo podrían ser obtenidos de las plantas. El proyecto Arizona cuenta con dos millones de dólares para hacer cultivos experimentales en el desierto norteamericano. Otras empresas, como la Good Year, ha entregado gruesos aportes para que se estudien las reales posibilidades del guayule, la cauchífera mexicana que ha revolucionado el ámbito tecnológico con sus bondades de productividad y crecimiento.

El periodista científico debe cuidarse siempre de no echar a correr la imaginación por caminos en penumbra. Se nos llama más bien a un pesimismo esperanzado antes que a un optimismo prudente. Sin embargo, los trabajos del equipo del profesor Bartulín en la Universidad de Concepción son un serio intento por desentrañar la potencialidad de cierta flora autóctona, y hasta el momento, los resultados, por lo menos para el lechero, se muestran auspiciosos. (Creces 1980, pág. 29)



* Investigadores de la Universidad de Concepción creen factible lograr un sustituto del petróleo a partir de plantas chilena.

* Vegetales de Brasil y México ya entregan más de 20 barriles por hectárea. Lo único que hacen es devolver la energía solar que almacenan mediante la fotosíntesis.


Sergio Prenafeta Jenkin



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