Y Adiós, kant... Sobre las nociones de espacio y tiempo en ciencia
( Publicado en Revista Creces, Enero 1991 )

Las revolucionarias investigaciones científicas de nuestro siglo han sacudido los conocimientos de muchas concepciones filosóficas tradicionales. Varios sistemas comienzan a venirse abajo. Con los avances producidos en la física en los últimos años, le toca ahora el turno a la filosofía de kant.

En muchos tonos y desde variados enfoques se habla hoy de una crisis de la filosofía.

En líneas gruesas y esquemáticas puede describirse así: las concepciones filosóficas tradicionales que se han manejado del hombre y la naturaleza se muestran, a la luz de las investigaciones científicas contemporáneas, añejas e infundadas.

Durante mucho tiempo la filosofía anduvo de la mano de la ciencia, en cuanto a vigencia, vigor y percepción de la realidad, pero en este siglo - más que nunca antes- ha retrasado el paso, descuidando su relación con los resultados de los actuales estudios científicos y quedándose, en consecuencia, estancada en reflexiones rígidas basadas en obsoletas condiciones del ser humano y su entorno que han sido ya desbordadas por el progreso de este otro tipo de saber.

Así, ha ocurrido con muchos sistemas filosóficos clásicos que ven amenazados sus cimientos por las revolucionarias concepciones que levantan los actuales conocimientos científicos. O si no sus cimientos, algunas ideas capitales. Se torna, pues, imperiosa una autoconciencia filosófica de la crisis y una revisión, por parte de muchas doctrinas filosóficas, de sus proposiciones fundamentales. Esto es algo que - aunque necesario- todavía no se hace, con el efecto de que la filosofía, antaño un saber de vanguardia, sea hoy un conocimiento cuestionado y, en general, cada vez más carente de crédito; una disciplina exótica a la que no se le concede mucho que decir sobre el hombre y el mundo.

Pasos imprescindibles para salir de este estado y comenzar a remozarse son, primero, que el saber filosófico se haga cargo, en todo su impacto y consecuencia, de los resultados de las diversas ciencias (humanas y naturales); y, segundo, que los diferentes sistemas filosóficos que han levantado extensas proposiciones sobre el hombre y la naturaleza, las evalúen y examinen a la luz de tales resultados científicos Muchas supuestas verdades, muchos juicios caducos, quedarían así - para nuestro beneficio- arrumbados para siempre en los patios traseros de la historiado las ideas.


La doctrina kantiana del espacio y el tiempo

Una especificación, entre otras, de la crisis en que han caído las concepciones tradicionales de la filosofía por el avance científico, la constituye la doctrina del pensamiento del pensador alemán lmmanuel Kant (1724-1804).

Preguntándose Kant cómo conocemos lo que nos rodea responde que el proceso de conocer lo integran dos elementos: lo dado y lo que ponemos nosotros. Lo dado - el material del mundo- es puro desorden, puro caos, un material informe que ponemos en orden gracias a las formas de nuestra sensibilidad: el espacio y el tiempo. Espacio y tiempo son, pues, condiciones propias de nuestra capacidad de conocer, a que tienen que someterse los objetos que aprehendemos sensorialmente para que puedan ser conocidos efectivamente por nosotros.

Según Kant, entonces, el carácter espacial y temporal de las cosas y los hechos de nuestra vida les viene de su inserción en esta existencia nuestra. Unicamente desde el punto de vista del hombre -señala- cabe hablar de espacio y tiempo.

Juan de Dios Vial Larraín - en la selección comentada que ha hecho de la Crítica de la razón pura de Kant - editada por Edit. Universitaria-, indica respecto a la doctrina kantiana del espacio y el tiempo:


"Su doctrina puede reducirse a cuatro puntos".

1. El espacio y el tiempo son representaciones a priori porque no derivan de la experiencia. Por el contrario, es la representación del espacio dada primeramente la que permite representarse cosas exteriores, esto es, cosas que estén fuera de mi y recíprocamente fuera de sí, una junto a otras. Y es la representación del tiempo, dada primeramente también, la que permite representarse cosas simultáneas y sucesivamente. Aprioridad, pues, del espacio y el tiempo.

2. El espacio y el tiempo son representaciones necesarias. Es imposible concebir que el espacio no existe o suprimir el tiempo. Se puede considerar que el espacio no contiene objeto alguno; también pueden considerarse desaparecidos todos los fenómenos temporales. Pero espacio y tiempo quedarán siempre como ilimitables condiciones de posibilidad. En segundo lugar, pues, carácter necesario de las representaciones del espacio y el tiempo.

3. El espacio y el tiempo son intuiciones, no conceptos discursivos. Hay un espacio único, un tiempo único, omnicomprensivos. Esto quiere decir que no se llega al espacio y al tiempo como a conceptos generales que el discurso forma para partir de una variedad de espacios y tiempos unificada, por abstracción, en un concepto. No hay un proceso de generalización discursiva que concluye en una noción general, sino una intuición única de la cual los casos particulares son parte, las cuales se conciben justamente como partes en el espacio y tiempo únicos y omnicomprensivos. Espacio y tiempo son, pues, en tercer lugar, intuiciones.

4. El espacio y el tiempo son infinitos en el sentido de que son un quantum dado cuyas partes coexisten de tal manera que cualquier cantidad determinada de espacio y o de tiempo viene a ser solamente una limitación de aquel quantum ilimitado. Infinitud, pues, del espacio y el tiempo.


Y agrega Vial:

"La Estética (primera parte del libro de Kant Crítica de la razón pura), por consiguiente, dice: las formas de la sensibilidad son el espacio y el tiempo, las cuales, a su vez, son intuiciones a priori, necesarias e infinitas. La sensibilidad, en su propiedad formal de ser afectada por los objetos es dada en las formas del espacio y del tiempo que condicionarán todo lo que a la sensibilidad misma le sea dado y le afecte.

"No hay, pues, seres reales que sean el espacio y el tiempo, sino que éstos son condiciones subjetivas de la sensibilidad humana que comprenden todas las cosas reales, pero no en sí mismas, como pudiera percibirías un sujeto cualquiera, sino desde el punto de vista del hombre. Se puede decir, pues, que en ellas cabe la realidad empírica constituida por los objetos reales, pero dentro de las condiciones de posibilidad de la intuición misma, por lo tanto, en la idealidad trascendental del espacio y el tiempo."

Así, pues, para Kant - filósofo del siglo XVIII, que tenía ante su vista las concepciones físicas de Newton y Leibniz- el espacio y el tiempo son formas subjetivas de la sensibilidad; no concibe que no existan o que puedan dejar de existir, y no hace ningún distingo entre las diferentes clases de espacio y de tiempo sino que los considera únicos y omnicomprensívos, centrándolos en un espacio y tiempo intuitivos. Asimismo, debe destacarse la idealidad del tiempo y del espacio en la doctrina kantiana. Roberto Torretti, en su famoso estudio Manuel Kant (Ediciones de la Universidad de Chile), señala que, en 1770 y en su Disertación publicada al asumir la cátedra de lógica y metafísica en la Universidad de Konigsberg, Kant sentó las bases de la doctrina del espacio que defendería desde esa fecha hasta el fin de sus días:

"Según esta doctrina el espacio no es real, sino ideal, esto es, no tiene existencia independiente de la vida mental de los hombres, y constituye un principio que condiciona la manera como tenemos que representarnos los objetos que conocemos a través de nuestros sentidos."

"También, al igual que Leibniz, Kant concibe como idea al tiempo, es decir, vinculado indisolublemente a la conciencia que lo vive.

Finalmente, el filósofo, "transfiriendo al tiempo la tesis de la prioridad establecida para el espacio y aplicando al espacio la tesis de la idealidad, evidente en el caso del tiempo, concluye que son ideales también las cosas espacio-temporales, esto es, que ellas son lo que son, así como se manifiestan, en virtud de su inserción en el proceso cognitivo en que llegan a manifestarse".


Espacio y tiempo en la física actual

La teoría de la relatividad de Einstein, en nuestro siglo, vino a trasformar radicalmente las concepciones sobre el tiempo y el espacio. Newton creía en el tiempo absoluto y rehusaba, asimismo, aceptar la no existencia del espacio absoluto; además, suponía que el tiempo estaba totalmente separado y era independiente del espacio. Einstein rechazó audazmente las ideas físicas precedentes. Y enseño, primero, que la luz siempre viaja a una velocidad constante (aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo), lo que significa que la velocidad de la luz es siempre la misma, que no cambia aunque se mueva su fuente de procedencia y varíe su dirección. Por ejemplo, la luz proyectada desde una estrella que se mueva hacía nosotros tiene la misma velocidad que la procedente de una estrella que se aleja.

Lo segundo que indicó es que un observador sólo es capaz de detectar el movimiento relativo, Por ejemplo, al observar pasar un tren, un individuo situado en el andén de la estación verá que es el tren lo que se mueve y no el andén. Pero, otro observador situado en el interior del tren puede percibir que él y el tren están detenidos, mientras la persona del andén y todo lo demás pasan con rapidez por la ventanilla.

Ambos conceptos - la constancia de la velocidad de la luz y la relatividad de todos los demás movimientos- vinieron a derribar la concepción básica de Newton de que el tiempo es absoluto y siempre fluye, como un río, desde el pasado hasta el presente.

En su interesante libro Historia del tiempo, el astrofísico Stephen Hawking (de cuyas ideas hablaremos con cierto detalle más adelante) se refiere a la alteración de la clásica noción de tiempo por la teoría de la relatividad:

"Otra consecuencia notable de la relatividad es el modo en que ha revolucionado nuestras ideas acerca del espacio y el tiempo. En la teoría de Newton, si un pulso de luz es enviado de un lugar a otro, observadores diferentes estarían de acuerdo en el tiempo que duró el viaje (ya que el tiempo es un concepto absoluto), pero no siempre estarían de acuerdo en la distancia recorrida por la luz (ya que el espacio no es un concepto absoluto). Dado que la velocidad de la luz es simplemente la distancia recorrida dividida por el tiempo empleado, observadores diferentes medirán velocidades de la luz diferentes. En relatividad, por el contrario, todos los observadores deben estar de acuerdo en lo rápido que viaja la luz. Ellos continuarán, no obstante, sin estar de acuerdo en la distancia recorrida por la luz, por lo que ahora ellos también deberán discrepar en el tiempo empleado. (El tiempo empleado es, después de todo, igual al espacio recorrido, sobre lo cual los observadores sí están de acuerdo.)

"En otras palabras, la teoría de la relatividad acabó con la idea de un tiempo absoluto. Cada observador debe tener su propia medida del tiempo, que es la que registraría un reloj que se mueve junto a él, y relojes idénticos moviéndose con observadores diferentes no tendrían por qué coincidir".

Einstein demostró también que el tiempo y el espacio están relacionados - combinándose, forman un objeto llamado espacio -tiempo y que ambos son igualmente inconstantes, según el movimiento del observador. Mediante razonamientos demostró, por ejemplo, que para la persona situada en el andén, las ventanas del tren que pasaba frente a él disminuían en longitud como consecuencia de la velocidad. Si el tren hubiera acelerado hasta una velocidad próxima a la de la luz, la longitud de las ventanas se habría contraído hasta quedar en nada. Para la persona ubicada dentro del tren, las ventanas seguirían siendo siempre iguales.

La relatividad ha traído un mundo diferente al establecido anteriormente, un mundo en que surgen extrañas conclusiones. Por ejemplo, si el observador del andén pudiera ver el reloj de la persona del tren, comprobaría que sus manecillas se mueven de forma más lenta que las de su reloj, incluso aunque el tren viajara a una velocidad normal. Desde luego, esta lentitud del reloj sería tan pequeña que no podría medirse, pero a velocidades próximas a la de la luz las diferencias serian enormes. Einstein demostró matemáticamente que un reloj situado en el interior de una nave espacial que se alejara a una velocidad de 260.000 kilómetros por segundo (más o menos el 86% de la velocidad de la luz), si pudiera ser visto por un observador desde la Tierra, parecería moverse a la mitad de su velocidad normal. Asimismo, se observaría que la masa de la nave se habría duplicado y que sus dimensiones se habrían contraído hasta la mitad de su tamaño original. Para un astronauta situado en el interior de la nave, los cambios no se habrían producido en ésta, sino en la Tierra, donde el tiempo parecería ir más despacio.

Al afirmar que el tiempo se mide de manera diferente en función del movimiento relativo de los objetos y personas entre si Einstein abolió de raíz el tiempo absoluto. Demostró, también, que un astronauta que viajara a una velocidad cercana a la de la luz envejecería más despacio que un hermano gemelo suyo que se hubiera quedado en la Tierra.

Pero no sólo la teoría de la relatividad ha revolucionado, en nuestra época, las concepciones sobre el tiempo y el espacio. También ha contribuido a ello - explorando el nivel del mundo submicroscópico - la llamada mecánica cuántica, creada por Max Planck y reformulada más tarde por investigadores como Weirner Heísenberg, Erwin Schrodinger y Paul Dirac. Tratando de esta rama de la física en su libro Jano (Edit. Debate), Arthur Koestler nos instruye sobre las notorias paradojas que, en este nivel, enfrentan los hombres de ciencia y que obligan a remover las nociones clásicas de espacio y tiempo: los experimentos de Thomson, que hicieron pasar simultáneamente un mismo electrón por dos orificios diminutos de una pantalla, por ejemplo, y los diagramas de Feynman, en que por un breve instante se consigue que determinadas partículas se muevan hacia atrás en el tiempo (lo que le valió el Premio Nobel en 1965). Koestler cita a Heinsenberg:

"Los átomos no son cosas. Los electrones, que proporcionan los proyectiles del átomo, no son ya cosas en el sentido de la física clásica, cosas definibles inequívocamente mediante conceptos como posición, velocidad, energía o tamaño. Conforme descendemos hacia el nivel atómico, el mundo objetivo del espacio y el tiempo cesa de existir".


Hawking entra en escena

En las últimas décadas, Stephen Hawking ha intentado levantar una teoría completa que unifique la relatividad con la mecánica cuántica. La relatividad explica la estructura a gran escala del universo; la física cuántica hurga en la microestructura del mundo. Hawking - el brillante científico inglés aquejado de la enfermedad de Gehring, un trastorno del sistema neuronal que lo tiene prácticamente paralizado por entero- sostiene que una teoría unificada permitiría la completa comprensión del universo, de su origen y funcionamiento. En esta línea de investigación ha elaborado ya sugerentes ideas.

Así, por ejemplo, ha señalado que una visión bastante satisfactoria del origen del universo es la del big bang, esto es, que hubo un principio en el que toda la materia estaba concentrada en un punto único, el que se manifestó y explotó en un big bang del que surgió el universo, el espacio y el tiempo. Desde esa primera singularidad pare adelante, el universo se encuentra en expansión. Para Hawking, sin embargo, constituye un error creer que el big bang origina una masa material en algún lugar del espacio vacío: no sólo se crea la materia en el instante de la explosión, sino que se crean también el espacio y el tiempo, es decir, el tiempo y el espacio tienen allí su comienzo.

Esta visión del origen del universo se apoya en la investigación cosmológica sobre los llamados "agujeros negros", fenómenos que constituyen la consecuencia natural de la muerte de las estrellas. En su Historia del tiempo ( Edít. Crítica), Hawking nos enseña que una estrella, al consumir todo su hidrógeno y sus otros combustibles nucleares, empieza a enfriarse y, por tanto, a contraerse.

"Cuando la estrella se contrae, el campo gravitatorio en su superficie es más intenso y los conos de luz se inclinan más hacia dentro. Esto hace más difícil que la luz de la estrella escape, y la luz se muestra débil y más roja para un observador lejano. Finalmente, cuando la estrella se ha reducido hasta un cierto radio crítico, el campo gravitatorio en la superficie llega a ser tan intenso que los conos de la luz se inclinan tanto hacía dentro que la luz ya no puede escapar. De acuerdo con la teoría de la relatividad, nada puede viajar más rápido que la luz. Así si la luz no puede escapar, tampoco lo puede hacer ningún otro objeto; todo es arrastrado por el campo gravitatorio. Por lo tanto, se tiene un conjunto de sucesos, una región del espacio-tiempo, desde donde no se puede escapar y alcanzar a un observador lejano. Esta región es lo que hoy día llamamos un agujero negro. Su frontera se denomine el horizonte de sucesos y coincide con los caminos de los rayos luminosos que están justo a punto de escapar del agujero negro, pero no lo consiguen."

Según la descripción de Hawking, los agujeros negros son una especie de desgarraduras en el tejido del espacio y el tiempo; en ellos, las inimaginables fuerzas gravitacionales originan una tremenda deformación y densidad, de tal modo que nada puede escapa de su interior, incluida la luz. Por el proceso de formación de un agujero negro - antesala de una singularidad de densidad infinita - podría, pues explicarse la formación del universo, que tendría justamente un proceso inverso. El agujero negro se forma por la contracción de un enorme cuerpo hasta convertirse en un punto de infinita densidad; el universo habría surgido de un punto de infinita densidad y, expandiéndose, dio origen a galaxias, estrellas, planetas, hasta originar la vida inteligente.

"En el interior de los agujeros negros", sostiene Hawking, "el espacio y el tiempo, tal como solemos percibirlos, se acaban". Así también, antes del big bang no hay espacio ni tiempo (los físicos dicen espacio-tiempo, así todo junto) ni los habrá tampoco cuando el universo se acabe (la teoría del big bang y del universo dejará de expandirse y comenzará una fase de contracción, hasta llegar al final en la singularidad del big crunch, esto es, una gran implosión. La teoría plantea también que no debemos preocuparnos: el colapso del universo no se producirá antes de diez mil millones de años). Es decir, de acuerdo a las investigaciones científicas actuales se puede, perfectamente, sostener un principio y un final del espacio y del tiempo.

Para Hawking, además, en el caso del tiempo hay que distinguir tres "flechas":

"Primeramente, está la flecha termodinámica, que es la dirección del tiempo en la que el desorden o la entropía aumentan. Luego está la flecha psicológica. Esta es la dirección en la que nosotros sentimos que pasa el tiempo, la dirección en la que recordamos el pasado pero no el futuro. Finalmente, está la flecha cosmológica. Esta es la dirección del tiempo en la que el universo está expandiéndose en vez de contrayéndose".

Con sus investigaciones, Hawking ha llegado a mostrar que nuestro sentido subjetivo de la dirección del tiempo - la "flecha psicológica" del tiempo- está determinado dentro de nuestra mente por la flecha termodinámica. Y también que sólo en una fase expansiva del universo se posee una flecha termodinámica clara del tiempo y hay las condiciones adecuadas para hacer posible la vida inteligente, o sea que hay una coincidencia, asimismo, entre las flechas termodinámica y psicológica y la flecha cosmológica.


El kantismo, una filosofía coja

Confrontemos ya, es este punto, las ideas kantianas de tiempo y espacio y los conceptos que sobre espacio-tiempo ha acuñado la física contemporánea.

Partamos con un referencia que, en la obra ya citada, el mismo Hawking hace sobre kant:

"Las cuestiones de si el universo tiene un principio en el tiempo y de si está limitado en el espacio fueron posteriormente examinadas de forma extensiva por el filósofo lmmanuel Kant en su monumental (y muy oscura ) obra Crítica de la razón pura, publicada en 1781. El llamó a estas cuestiones antinomias (es decir, contradicciones ) de la razón pura, porque le parecía que había argumentos igualmente convincentes para creer tanto en la tesis que el universo tiene un principio, como en la antítesis, que el universo siempre habla existido. Su argumento en favor de la tesis era que si el universo no hubiera tenido un principio, habría habido un periodo de tiempo infinito anterior a cualquier acontecimiento, lo que él consideraba absoluto. El argumento en pro de la antítesis era que si el universo hubiera tenido un principio, habría habido un período de tiempo infinito anterior a él, y de esté modo, ¿por qué habría de empezar el universo en un tiempo particular cualquiera? De hecho, sus razonamientos en favor de la tesis y de la antítesis son realmente el mismo argumento. Ambos están en la suposición implícita de que el tiempo continúa hacía atrás indefinidamente, tanto si el universo ha existido desde siempre como si no. Como veremos, el concepto de tiempo no tiene significado antes del comienzo del universo".

Hay, pues, aquí ya una primera oposición: para Hawking tiempo y espacio son finitos ,tienen un principio y un fin. Esto se opone a la idea de infinitud del espacio y el tiempo planteada por kant.

Para Hawking, asimismo ( y para muchos otros científicos también, por cierto, pues sus ideas cuentan ya con amplia aceptación en la física), hay lugares del universo donde el tiempo y el espacio no existen, por ejemplo: los agujeros negros. Esto se opone al carácter de necesidad del espacio y el tiempo sostenido por Kant.

Además, la determinación que encuentra Hawking de la flecha termodinámica del tiempo (es decir, la ley de la entropía) sobre el sentido psicológico del tiempo, viene a oponerse radicalmente a la idealidad del tiempo planteada por Kant. Igualmente, la idea de universo en expansión con su gramática determinante incluso de las condiciones de posibilidad de nuestra vida, se contrapone tajantemente a la concepción kantiana de un espacio ideal

Las diferencias físicas entre temporalidad termodinámica, psicológica y cosmológica se oponen a la noción de Kant de un tiempo meramente intuitivo y, en general, a la naturaleza única, omnicomprensiva del tiempo que él afirma.

Los nuevos conceptos de espacio y tiempo surgidos desde la teoría de la relatividad, también, resultan un duro golpe a la doctrina kantiana del espacio y el tiempo como forma de la sensibilidad. En efecto, aboliendo las ideas de espacio absoluto y tiempo absoluto, la relatividad destruye asimismo el carácter de igualdad, mismidad y absolutidad de las representaciones.

No siendo ideales tiempo y espacio, digamos, por último, que no solamente "desde el punto de vista del hombre" cabe hablar de ellos.

¿Qué pasa, pues, con el sistema de pensamiento kantiano hoy, a la luz de las investigaciones de la ciencia? Algunos estudiosos de Kant no parecen preocuparse demasiado; es el caso de Karl Jaspers, quien reconoce que las proposiciones kantianas son actualmente objeto de criticas, que el desarrollo del conocimiento científico ha dejado atrás postulados de la ciencia en los que Kant se apoye para sus especulaciones, pero dice:

"Todo eso no contradice a Kant, empero; lo que queda refutado no es su concepción filosófica fundamental de la naturaleza fenoménica del mundo de la existencia sensible en el tiempo y el espacio, sino tan sólo las formulaciones particulares" (Los grandes filósofos, Edit. Sur).

¿Será así? Kant, al filosofar sobre el espacio y el tiempo. tenía a la vista las doctrinas científicas de Newton y Leibniz. Hoy, la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica y las investigaciones astrofísicas de hombres como Hawking han transformado de manera radical los conceptos de tiempo y espacio clásicamente establecidos.

Podemos atender, también, a lo que dice otro estudioso de Kant, el ya mencionado profesor Vial:

"Hacia los últimos años de su vida, en un importante escrito que dejara inédito - Progresos de la metafísica -, dijo Kant que la doctrina acerca del espacio y del tiempo, es decir, la teoría de la sensibilidad contenida en la Estética - idealismo trascendental y realidad empírica de las intuiciones "espacio" y `tiempo" en tanto formas de las sensibilidad -, era una de las dos ideas cardinales de su pensamiento; la otra, la idea de libertad."

De manera que, siguiendo las mismas palabras de Kant, podemos sostener que las investigaciones físicas actuales desmoronan uno de los dos pilares capitales de la filosofía Kantiana. Acaso, podría arguirse que la doctrina newtoniana sigue manteniendo su vigencia al nivel de nuestro planeta, de las cosas que vemos y los hechos que realizamos; que los problemas surgen al irnos al macrocosmos o al microcosmos; que, por tanto, la doctrina kantiana de la sensibilidad asentada en sus concepciones del espacio y el tiempo podría funcionar en algún sentido, en un campo acotado.

Pero el acotar su pensamiento a ciertos sectores de la realidad no es algo que Kant, creemos, aceptaría (o que le agradaría), pues su sistema, como todo sistema de filosofía, se pretende universal. Además, esto vendría a desmentir igualmente el carácter de necesidad, infinitud e idealidad del espacio y el tiempo. Y, por otra parte, nuestro mundo no se da en compartimentos separados: los sucesos del macro y del microcosmos afectan indudablemente nuestro nivel espacio-temporal.

Para decirlo diplomáticamente: a la filosofía Kantiana se le presentan serios, muy serios problemas, al ser confrontada con las investigaciones contemporáneas de la ciencia física.

Estas investigaciones hieren hondamente una de las dos piernas en las que - según el mismo Kant- se sostiene su pensamiento. Lo menos que se pueda decir, entonces, es que la filosofía Kantiana anda cojeando, y cuando se cojea - como no es difícil advertirse corre el riesgo de tropezar con bastante frecuencia e incluso, de venirse al suelo estrepitosamente.



Rogelio Rodríguez M.

Licenciado en Filosofía


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