La agricultura autosostenible
( Publicado en Revista Creces, Octubre 1990 )

El suelo agrícola no es un simple instrumento, sino un complejo sistema cuyos componentes químicos y orgánicos permiten, respetados ciertos equilibrios, un mejor aprovechamiento productivo. Por ejemplo, la rotación planificada de cultivos resulta una mejor solución que la práctica tradicional de monocultivos que agotan el suelo.

Al término de la Segunda Guerra Mundial se inició una verdadera revolución agrícola, en la cual se fueron extremando prácticas de mecanización, incremento de semillas mejoradas con variedades de mayor potencial productivo y un creciente uso de fertilizantes y pesticidas. Como consecuencia de ello, de año en año, se fueron batiendo récords en rendimiento de cultivos en aquellos países capacitados para adoptar y financiar estas nuevas tecnologías.

Sin embargo, todo exceso parece contraproducente y hoy en día, en esos mismos suelos, comienza a notarse una disminución de su productividad, al mismo tiempo que se deterioran y contaminan el suelo y el medio ambiente, afectándose la salud de los hombres y los animales. Junta a ello, se han reducido las utilidades.

Cada vez son más los que cuestionan esta agricultura convencional, y esto obliga a buscar nuevas alternativas que preserven el medio ambiente y no afecten la salud humana y animal. Por una parte, es indispensable mantener y superar la productividad, porque el crecimiento explosivo de la población del mundo así lo exige, pero también, y por las mismas razones, se hace indispensable cuidar los recursos productivos del agro para las presentes y futuras generaciones.

Preocupan los altos costos energéticos y de insumos de la agricultura actual, especialmente para los países subdesarrollados, que son los que más necesitan incrementar su producción. También es grave la creciente contaminación de la tierra y de las aguas por los productos químicos que se están utilizando, los que al alterar el ecosistema aumentan la desertificación y amenazan la salud del hombre y de los animales.

Tratando de corregir estos problemas es que se vigoriza y crece un movimiento destinado a incentivar una práctica que recibe diversos nombres: agricultura autosostenible, agricultura orgánica, regenerativa, ecológica, o agricultura holística. Según la definición de FAO, aprobada en 1988, ""la Agricultura Autosostenible es el manejo y conservación de la base de recursos naturales y la orientación del cambio tecnológico e institucional, de tal manera que asegure la continua satisfacción de las necesidades humanas para las generaciones presentes y futuras. Este desarrollo sostenible (en los sectores agrícola, forestal y pesquero) conserva la tierra, el agua y los recursos genéticos vegetales y animales, no degrada el medio ambiente y es técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable"".


Que es la agricultura autosostenible

Para entender la racionalidad de la agricultura autosostenible, hay que comprender la vida y dinámica del suelo. Este no es solamente un instrumento más de la producción, como son los pesticidas, los fertilizantes, la maquinaria agrícola u otros. Muy por el contrario, es un complejo y frágil sistema que debe protegerse si se quiere asegurar una producción a mediano y largo plazo.

El suelo fértil es un mundo de hospitalidad para el crecimiento. A través de él circula el aire y se mantiene el ambiente de humedad que proviene de lluvias o de riego. Una cucharadita de tierra fértil no sólo contiene arena, arcilla y sedimentos; también viven allí miles dé millones de microorganismos, incluyendo bacterias, actinomicetes, hongos y algas (Fig. 1). La mayor parte de ellos son descomponedores de materias orgánicas. Este proceso lleva la formación de humus y liberación de nutrientes necesarios para las plantas los mismos microorganismos producen sustancias aglutinadoras, llamadas polisacáridos, que al aglutinar las partículas de tierra disminuyen la erosión. Todo este equilibrio es muy inestable y muchas sustancias químicas que interfieren en él pueden alterar estas condiciones y romper el equilibrio normal de convivencia, provocando así un deterioro del suelo.

Aún más, los microorganismos del suelo son de gran importancia para proporcionar nitrógeno a las plantas que la necesitan para producir sus propias proteínas y formar sus estructuras. Ciertas bacterias, como el Rizobium Radicola, que se encuentra en el suelo viviendo en simbiosis con las raíces de ciertas plantas (las leguminosas), son capaces de tomar nitrógeno atmosférico y fijarlo para que sea aprovechable para la planta y otros organismos. La nueva modalidad agrícola a que nos referimos trata de preservar todo este sistema.

La agricultura autosostenible no es una vuelta a la agricultura preindustrial. Por el contrario, se trata de utilizar las más modernas tecnologías, como semillas mejoradas, técnicas avanzadas de manejo de agua y suelo, avances de la ingeniería genética, control biológico de plagas, prevención de enfermedades, reemplazo de energía fósil por energía solar, eólica o proveniente de fermentación de subproductos agrícolas, etc. Trata, sí, de abolir el uso de sustancias químicas que pueden contaminar o ser perjudiciales para la ecología del sistema.

La base del sistema es la rotación de los cultivos. Es decir, una sucesión planificada de varios cultivos diferentes en el mismo campo, ya que cuando ellos se rotan, los rendimientos se incrementan y mejoran los contenidos nutritivos de los productos, obteniéndose además un máximo aprovechamiento de la fuerza de trabajo, al distribuir las labores durante todo el año.

La rotación permite un mejor control de las malezas e insectos y se producen menos enfermedades al lograr un mejor reciclaje de los nutrientes.

Dentro de este sistema, la explotación ganadera tiene un especial significado. El ganado produce abono orgánico, de gran utilidad para el crecimiento de cereales y tubérculos.Por ejemplo, una rotación típica de siete años comprende tres estaciones de alfalfa, seguidas por cuatro estaciones de granos en el siguiente orden: trigo, soya o porotos, trigo y avena. Después de la alfalfa, el trigo aprovechará el nitrógeno fijado en el suelo por la alfalfa La soya o los porotos vuelven a fijar nitrógeno, lo que aprovecha posteriormente la avena, que se recomienda al final del ciclo por tener menos requerimientos que el trigo.

Es importante mezclar regularmente el suelo con los residuos de las cosechas, el estiércol y otras materias orgánicas. Ello mejora la estructura del suelo, aumenta la capacidad de retener agua y aumentar la capa vegetal.

Mientras mayor sea ésta, mejor se desarrollan las semillas y más pueden penetrar sus raíces. Además, el agua infiltra bien el suelo, con lo que hay menos posibilidades de que se formen torrentes que incrementen la erosión.

Por el contrario el monocultivo lleva a la degradación del recurso suelo y a su fácil erosión. Al persistir en el cultivo de una misma familia botánica, se presentan serios problemas asociados con la proliferación de determinadas malezas, plagas de insectos u hongos, además del agotamiento de ciertos nutrientes que exige ese cultivo en particular.

Con el monocultivo, el agricultor se ve obligado a incrementar permanentemente las dosis de fertilizantes químicos, herbicidas y pesticidas, los que contaminan el suelo y alteran el ecosistema. Las plagas que afectan a los cultivos se vuelven resistentes a los pesticidas y obligan a subir las dosis y a invertir más recursos en nuevos pesticidas. Algo semejante ocurre con las malezas, que también adquieren resistencia a los herbicidas.

La rotación del cultivo, en cambio, hace más difíciles la persistencia de plagas de insectos y el desarrollo de malezas, ya que cambian las condiciones del entorno. En estas condiciones es posible realizar practicas de control biológico de las plagas, lo que no se puede hacer cuando se usan productos químicos, porque ellos también afectan a los insectos.


Resultados económicos y calidad nutricional de los productos

El Research Center Form en Haahgley (Inglaterra) ha comunicado estudios recientes que demuestran que solamente en algunos cultivos que requieren alta concentración de nutrientes, la agricultura autosuficiente tiene un mejor rendimiento económico con la cebada, la avena, el trébol. También los resultados son mejores con el trigo y el maíz si las semillas que se utilizan son las apropiadas para este tipo de agricultura.

Desde el punto de vista económico, la agricultura convencional tiene costos más elevados por los productos químicos que se utilizan.

Por otra parte, hay numerosos trabajos experimentales que demuestran que los alimentos producidos ecológicamente tienen un mayor porcentaje de nutrientes y un considerablemente menor contenido de factores nutricionales adversos Tal vez el estudio más completo fue el realizado por L. Schuphan, con una duración de 12 años.


Como generalizar esta practica

Si los beneficios de la agricultura de autosustentación son evidentes, y así la demuestran numerosas publicaciones, ¿por qué no se implanta como una generalidad? Una razón es una falta de políticas que tiendan a facilitar esta práctica en EE.UU., como también en nuestro país, los precios de sustentación están dadas sólo por algunos cultivos (Bandas de Precios); ello desalienta a los agricultores que desean diversificar y provoca, en cambio, un gran incentivo para la práctica del monocultivo.

Por otra parte, el principal beneficio económico de esta práctica se aprecia después de haber experimentado varias temporadas y haber ganado experiencia en ella. Mientras tanto, el agricultor se ve constreñido por los pagos anuales de sus créditos. Muchos de los agricultores convencionales están fuertemente endeudados ya sea por la compra de maquinarias o de insumos. A ello se agregan las presiones de los productores y distribuidores de pesticidas, insecticidas y productos químicos. Seria interesante desarrollar una política de apoyo a quienes sustenten esta metódica agrícola, que en definitiva beneficiaria a todos.

Dentro de una política debiera desarrollarse un muy buen sistema de información y transferencia tecnológica hacia el agricultor. Al mismo tiempo debiera incentivarse la investigación que busque estos objetivos. En la actualidad, tanto la investigación, como la transferencia tecnológica están sólo orientadas al monocultivo. En este sentido, debiera incentivarse el desarrollo de programas tendientes a disminuir el uso de fertilizantes y pesticidas, sin disminuir la productividad. Debiera también incentivarse la práctica de conservación de la energía y el cuidado de los recursos naturales. Premiar la prevención de la erosión, la desertificación y de la pérdida de nutrientes. Debieran también estimularse los cultivos de otras especies, como los triticales, el amaranto, la quinoa, el ginseng, el lupino o la soya, que se cultivan con éxito en muchas otras regiones del mundo y para los cuales ya existe un amplio mercado internacional. Ello ayudaría a la rotación de los cultivos y disminuiría los riesgos económicos y climáticos. En fin, debieran desarrollarse granjas modelos, que apliquen todos estos principios, y enseñar en las universidades su metodología.

Es necesario también educar al agricultor en estas prácticas y su adaptación a distintas condiciones. Del mismo modo, en el proceso educativo debe hacerse énfasis, tanto a agricultores como al público en general, acerca de los riesgos de contaminación ambiental y de daños para la salud por los excesos de la agricultura convencional.

Es importante estimular la investigación de semillas resistentes a enfermedades, más que desarrollar la investigación de semillas resistentes a los pesticidas, como hacen en la actualidad las grandes empresas productoras de elementos químicos. En este sentido, en el futuro pueden ser de gran utilidad las tecnologías de manipulación genética de semillas. Así, por ejemplo, debe investigarse en la posibilidad de lograr cereales que fijen el nitrógeno, o que sean más eficientes en el proceso de fotosíntesis, o que sean más resistentes a las sequías, suelos salinos, en fin, resistentes a enfermedades o pestes. Pero no es necesario esperar todo esto para iniciar una política; con lo que ya se sabe, y con las semillas de que ya se dispone, la agricultura de autosustentación ha demostrado su beneficio.

La agricultura es un elemento fundamental, tanto porque nos provee de alimentos como porque constituye un elemento fundamental en el desarrollo económico y en la calidad de vida que nuestro país puede alcanzar.


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