El camino del inca
( Publicado en Revista Creces, Octubre 1981 )
La red vial más grande de su época se extendió por mandato de los incas entre Colombia y chile. La presente crónica da cuenta de dos expediciones realizadas al interior de la II región, en que se identificaron 400 kilómetros de esta histórica ruta.
dores españoles del siglo XVI por su organización socio-política, y que los deslumbró con las riquezas de oro y plata, fue la máxima expresión lograda por la sociedad andina prehispánica en su desarrollo. Este comenzó con la llegada de las primeras bandas de cazadores a los Andes Centrales, hace probablemente 20.000 años. Paulatinamente fueron transformando sus modos de vida y de subsistencia para dar paso a comunidades que supieron domesticar plantas como quínoa, papa, calabaza, pallar, poroto, maíz, entre otros; y animales, como llama y alpaca. Este hecho marca un hito tan importante que muchos arqueólogos hablan de la revolución agropecuaria para explicar la nueva forma de obtener alimentos que involucró un cambio importantísimo en la vida de los pueblos andinos.
En este proceso participaron múltiples comunidades de la costa, sierra y altiplano. Con su ingenio y trabajo lograron el acervo cultural e imprimieron una identidad al mundo andino que sirvió de base para el desarrollo del Estado de los Incas: identidad cultural que ha dejado su impronta en varios países actuales de América del Sur, y que permanecerá en el futuro porque conforma sus raíces.
Fueron seguramente los primeros agricultores de la costa y sierra peruana de hace unos 7.000 años los que, con su organización comunitaria, dieron origen al "ayllu", agrupación andina y unidad básica de parientes (basada en los reales o imaginarios lazos sanguíneos) que trabajan un área de terreno y forman una unidad económica y social, generalmente una aldea. Tal vez estos mismos campesinos para lograr un trabajo más armónico con sus necesidades desarrollaron el "Ayni", obligaciones recíprocas comunales, donde todos los habitantes de una aldea ayudaban al que necesitaba en un momento determinado de sus trabajos de siembra, cosecha, etc., sin recibir otra retribución que la ayuda de los demás cuando la necesitase a su vez. Es la minga o minka que todavía se practica en los campos de los países andinos.
Señoríos teocráticos
Con el tiempo, los campesinos mejoran sus técnicas agrarias ampliando los terrenos de cultivos; se desarrolla la metalurgia. Hay aldeas que adquieren mayor auge con los nuevos adelantos.
Estamos a 1000 años antes de Cristo y se están formando señoríos teocráticos. Chavín, con sus sacerdotes, templos, dioses y artesanos, sume a los campesinos en una dependencia directa. Chavín, centro religioso, administrativo y económico, fue por estas razones punto de convección de caminos. Otro señorío importante fue el de los Mochicas en la costa, poco antes del comienzo de nuestra era, cuya organización social -según los estudios realizados en la decoración de la cerámica- sirvió de ejemplo para el Estado Incaico. Nazca, a comienzos de nuestra era, comenzaba a realizar sus maravillosos tejidos y cerámica. En las tierras altas, junto al lago Titicaca, también por la misma fecha, Pukara y Tiwanaku desarrollaban sus culturas señoriales.
Tiwanaku y su dios Wiraqocha, "Espuma de las Aguas", tuvieron sus colonias principalmente en la costa sur de Perú y Norte de Chile y en las selvas orientales, de donde obtenían productos que no habían o eran escasos en el altiplano. Los peregrinos se unieron a las caravanas que iban a Tiwanaku a adorar al dios Wiraqocha, quizás el mismo que posteriormente la leyenda afirma que es el creador de los incas.
Primeros imperios
Tiwanaku estaba perdiendo hegemonía: en Ayacucho, hacia el año 500 de nuestra era, se forma un gran estado que domina a otros, Wari, que desde Lambay a Arequipa por la costa y desde Cajamarca hasta Cuzco por las sierras, dará una nueva fisonomía a la organización social. Pero hacia el año 1000 el imperio se desintegra y de las cenizas dejadas en la sierra surgió el imperio Yaro, desarrollándose en el mundo andino, en general, señoríos y organizaciones menores. Entre otros, los Chimú en la costa peruana, los señoríos quechuas al norte del lago Titicaca, entre los cuales Cuzco era uno de tantos. Del viejo Tiwanaku surgieron señoríos como el de los Lupaqa, Pacaje, Caranga y Quillaga, que junto al de Lipe ejercieron gran influencia en el Norte de Chile.
Los incas en la historia
La leyenda cuenta que Manco Cápac y su esposa Mama Ocllo, a comienzos del siglo XII, fundaron la primera dinastía. Provenían de las cercanías del lago Titicaca y se instalaron cerca del actual Cuzco. Varios señores cuzqueños descendientes de Manco Cápac, lograron afianzar el Estado en formación, produciendo grandes cambios socioeconómicos que permitieron el establecimiento del Imperio. Esta segunda etapa comenzó con Wiraqocha Inca, perteneciente a la segunda dinastía, que al parecer destruyó la cohesión social de los reinos tributarios vecinos a Cuzco, implantó gente de confianza en cargos directivos y dio una nueva fisonomía a los pueblos quechuas. Con la unidad regional se facilitaba la expansión.
Sólo con la administración del legendario Pachacuti (1438-1471), logró formarse un verdadero imperio con el Inca como jefe supremo "Sapallan Capac Apu Inca Intipchurin": El solo señor poderoso hijo del Dios Sol. Cuzco, "El ombligo del mundo", había pasado a ser la ciudad más importante, capital del Tawantinsuyu. Estado unificado en lo social, económico, político y religioso, el Sapa Inca gobierna con poderes omnipotentes y despóticos un vasto territorio dividido en cuatro Suyus o provincias: Chinchasuyu (Norte), Ecuador, más el norte y el centro de Perú; Contisuyu (Oeste), costa central de Perú hasta Moquegua por el sur; Antisuyu (Este), al otro lado de la cordillera de los Andes; y Collasuyu (Sur), altiplano de Bolivia, Noroeste y Centroeste de Argentina y por la costa del Pacífico, extremo sur de Perú y todo Chile hasta el río Maule.
Transformaciones sociales
Hasta el gobierno de Pachacuti, la casta sacerdotal además de detentar el poder religioso y político de los cuzquenos, poseía la mayor parte de la propiedad cultivable y ganadera. Los grandes cambios que se produjeron durante esa administración, permitieron al Inca concentrar en sus manos el poder con el advenimiento de la casta militar de "los orejones", que muy pronto sería una verdadera clase social, formada por sus parientes y por todos los que eran incorporados a la nueva clase por haberse distinguido en el ejército o por haber sido gobernantes de alguno de los pueblos conquistados.
Los ayllus de los grupos sometidos fueron transformados para un mejor servicio de la política del imperio, anulando en cierta medida la solidaridad que los caracterizaba, e imponiendo un jefe o curaca. Las obligaciones recíprocas comunales sirvieron de base para la creación de la mit`a incaica, trabajos obligatorios que debían realizar en grupo para beneficio del Estado y también para los curacas, incluyéndose las obras públicas. Hubo mit`as agrícolas, militares, para la construcción y mantención de puentes y caminos, etc. Algunos grupos humanos fueron separados de sus ayllus y dedicados de manera exclusiva a producir para el Estado.
El desarrollo imperial no significó tan sólo la expansión territorial, sino también el crecimiento demográfico debido al aumento de la producción agropecuaria con el intercambio y mejoramiento de nuevas técnicas de trabajo debido a las mit`as agrícolas. El Estado logró controlar grandes haciendas e incrementó el cultivo del maíz con buenos sistemas de canales y andenes, incorporando al Estado vastas tierras que pertenecían a los ayllus conquistados.
Los pueblos sometidos siguieron funcionando en torno a sus ayllus, pero el mayor propietario de tierra, ganado y sus productos era el Inca, quien como premio hacía donaciones a militares, curacas y otros destacados servidores, hecho que demuestra un germen de la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción. Los indígenas rebeldes Y muchachas escogidas tuvieron calidad de esclavos.
La administración incaica respetó a las organizaciones imperantes en el mundo andino en la medida en que no estuvieron en contradicción con los ideales del imperio. Para asegurar el funcionamiento del nuevo Estado, utilizó una jerarquización piramidal en cuya cúspide estaban los hombres de confianza del Inca, familiares y militares de alto rango.
Los caminos reales
En 1532, Francisco Pizarro, con poco más de 100 soldados españoles y después de varios intentos, inició la conquista del Tawantinsuyu. Para hacerlo, los expedicionarios se sirvieron de la ayuda de miles de indios del norte del imperio que creyeron obtener su independencia del poder de Cuzco, ayudando a los extranjeros. Utilizaron los Caminos Reales del Inca, que como vértebra sostenían el Tawantinsuyu. Era la red vial más grande que había en aquellos tiempos en el mundo y los conquistadores españoles no conocían nada parecido. Estaban lejos en el tiempo los caminos del Imperio Romano. Ahora, en un rincón desconocido, estaban a sus pies, casi 20.000 km lineales de camino que facilitarían la conquista de un fabuloso imperio, quizás más rico que el de México. Desde la plaza de Haycapata, actual plaza Mayor de Cuzco, los caminos se dirigían hacia los cuatro puntos cardinales, cruzando la difícil topografía andina mediante audaces obras de ingeniería como túneles y puentes.
Felipe Guaman Poma de Ayala, en su obra "La nueva crónica y buen gobierno", escrita entre los años 1560-1599, menciona seis importantes caminos reales a cuyo cargo estaba un jefe o "Capacnam Guaminin". Cada camino real tenía para su cuidado sus respectivos guaminies. En la actualidad, los investigadores distinguen dos caminos principales y muchos secundarios.
El Camino Real de Tierras Altas, desde el sur de Colombia, río Ancasmayo, cruzaba las serranías y altiplano de Ecuador, Perú, Bolivia y Noroeste de Argentina, para atravesar la Cordillera de los Andes hacia Chile a la altura de Copiapó, y seguir hasta el río Maule y quizás más al sur. El otro Camino Real, el Costero, se extendía desde Tumbes por toda la desértica costa del Perú, para luego internarse en el desierto del Norte de Chile por las quebradas de Tarapacá y seguir por el despoblado de Atacama para unirse al otro camino en Copiapó. Estos caminos hacían posible la comunicación de Norte a Sur del imperio; estaban unidos por múltiples vías secundarias que relacionaban las tierras altas con la selva oriental o con la costa del Océano Pacífico hacia el poniente. Construyeron además redes viales para una mejor explotación de minas, como es el caso del camino a Chuquicamata; a los Santuarios de Altura, como el que conduce al volcán Licancabur en el área de San Pedro de Atacama. También realizaron caminos de dominación para una rápida movilización militar, siendo el de Huánuco Pampa a Chacapoyas, en la sierra peruana, una excelente ruta pavimentada de piedras que sirvió para mantener sometidos a los Chancas.
No todos los caminos eran empedrados, pero tampoco eran simples senderos. En la América prehispánica no se utilizó la rueda en ningún tipo de carro, sólo el hombre y la llama podían transportar las cargas y ahí deriva un distinto concepto de camino. Por ejemplo: los caminos escalonados no sirven para vehículos y son poco prácticos para los caballos, no así para la llama.
Este camino real fue la obra de ingeniería de mayor envergadura. Si bien es cierto que se trazó en líneas rectas, como la norma principal, los accidentes del terreno hicieron necesaria la construcción de puentes y túneles, y las grandes quebradas fueran atravesadas por caminos zigzagueantes y/o escalonados; lo mismo se realizó en algunos cerros. Por lo expuesto, el ancho del camino era variable según la necesidad y la posibilidad de construcción. En Perú se calcula que el ancho medio varía entre 4,20 y 5 m, presentándose en algunos casos un ancho de más de 6 m. El camino no estaba pavimentado y generalmente se verá limitado por líneas de piedra.
El camino real de la costa
Los ingenieros del Inca pudieron trazarlo más recto por la topografía menos accidentada, principalmente en la costa peruana. Según Víctor W. Von Hagen, que ha realizado importantes estudios sobre el particular, la anchura estándar es de 6,72 m en el Perú. Este camino también presenta a las entradas de algunas ciudades importantes pavimentos de piedra, pero lo más característico debieron ser los postes alineados que se erguían junto al camino y los muros de unos 30 cm de alto en los bordes de él. Estos presentaban con frecuencia dibujos en su superficie al acercarse a un gran poblado.
En Chile, el Camino Real de la Costa presenta características diferentes.
La utilización de las vías
La importancia de los Caminos Reales no residía en su magnitud ni en las particularidades descritas, sino en la utilización que se le dio para mantener unido a Cuzco con los lugares más apartados del imperio. Por él sólo podían transitar personas con previa autorización administrativa. Era un verdadero camino del Inca por donde se movilizaban sus ejércitos, los funcionarios oficiales para informar al Inca o enviar información, como lo hacían los khipu Kamayoq anudando sus khipus. También se movilizaban las recuas de llamas del Estado, con las utilidades que obtenía en su territorio (que en la práctica eran casi 2/3 de la producción), y los Chasquis, mensajeros del Inca.
A lo largo del camino estaban los pukaras o fortalezas. Mantenían protegida el área y administraban los recursos humanos y materiales. Para los caminantes de la administración del imperio estaban los "tambos" o albergues, y en las ciudades estaban los tambos reales para las altas autoridades. Junto al camino y a una distancia aproximada de 7 Km se colocaban "topus" o hitos de piedra como señalización.
Si un Guaminin estaba a cargo de un camino, la mantención, en la práctica, era del ayllu del área, así como los diferentes tipos de refugios, los cuales eran provistos de los alimentos y equipos necesarios para su mejor funcionamiento y administrados por un funcionario del poblado más cercano. Cuando llegaba un señor principal o una autoridad militar a un tambo, hacía camarico, es decir, exigía servicios y descanso, recibiendo atención y alimentación.
Los chasquis, mensajeros eficientes
Seguramente a los pocos días que Francisco Pizarro comenzó la conquista del Tawantinsuyu, el Inca Atahualpa ya sabía la noticia. Un chasqui había llegado ante él para entregar el mensaje que había corrido
de boca en boca.
Los chasquis estaban bajo la autoridad del Auquicona, quien era el que controlaba el buen funcionamiento del sistema y vigilaba que no cometieran errores.
Según el cronista Felipe de Guaman Poma, existían dos tipos de chasquis: Hatun Chasqui ("Gran Mensajero") encargados de transportar bultos pesados, y los Churu Mullu Chasqui ("Mensajero con trompeta de coral"), y que comúnmente conocemos como chasquis. Estaban encargados de trasmitir mensajes y llevar objetos livianos. A intervalos de más o menos 1.500 m había unos pequeños refugios a cada lado del camino conocidos como chasquihuasi u o`kla. En cada uno de ellos se instalaban dos jóvenes, uno de ellos encargado de vigilar constantemente el camino en espera de un chasqui. Cuando se acercaba un mensajero, uno de los jóvenes iba a su encuentro y corría junto a él un tramo para recibir el mensaje verbal, el cual solía ir acompañado de un quipu, o recibía un pequeño bulto, para continuar solo la posta hasta el próximo chasquihuasi donde se repetía la escena.
Los chasquis eran jóvenes y excelentes atletas preparados especialmente para este trabajo de mit`a. Permanecían por espacio de unos 15 días en cada turno. Si el chasqui no trasmitía el mensaje al siguiente o lo divulgaba, podía ser castigado con la muerte.
Con este sistema de posta, los 2000 Km que separan a Quito de Cuzco podían unirse en cinco días; Lima estaba a tres días de Cuzco y en poco más de dos días el Inca podía comer pescado de la costa del Pacífico. Los cronistas españoles han atestiguado estas informaciones que parecen increíbles, ya que ha sido el mejor servicio de correos que tuvo la humanidad hasta el siglo XIX. Las autoridades españolas siguieron utilizando el sistema de chasquis hasta el año 1800, pero la calidad de los mensajeros ya no era la misma y los relevos se hacían aproximadamente cada 20 Km, lo cual entorpecía el buen servicio. La clave del sistema incaico estaba en la responsabilidad y en una gran cantidad de chasquis.
Los estudios en el norte de Chile
En el siglo pasado se efectuaron los primeros reconocimientos del Camino del Inca. Fueron realizados por investigadores que estudiaron el Desierto de Atacama con otros fines y que no pudieron dejar de valorar la importancia que tenían para la ciencia los vestigios dejados por el pasado prehispánico. Cabe mencionar al naturalista Dr. Rudolfo Amando Philippi, quien en el verano de 1853-1854 exploró esa zona y en sus escritos deja constancia de la existencia de la ruta incaica. Posteriormente, el ingeniero Francisco J. San Román, por orden del Gobierno de Chile, realizó en 1884 un completo estudio geográfico del norte. Recorrió el Camino del Inca, elaboró un plano de la vía desde Copiapó a Tilomonte, dejando entrever que el camino continuaba hasta el volcán Licancabur. Desgraciadamente esta carta no fue publicada y sólo dio a conocer una ruta simplificada. El plano presentado por San Román fue la principal fuente de inspiración que tuvo Manuel María Magallanes al recopilar antecedentes bibliográficos y verbales para publicar en 1912 "El Camino del Inca".
No hay arqueólogo chileno que trabaje en la actualidad en el Norte de Chile que no hubiese reconocido tramos del Camino del Inca, pero son pocos los estudios específicos realizados, quizás por los problemas prácticos que se presentan al seguir la ruta. El padre Gustavo Le Paige publicó en 1957 una interesante red vial incaica de la actual provincia de El Loa con muchos caminos secundarios. Desgraciadamente varios de ellos fueron construidos con posterioridad a la dominación incaica. Corresponde al recordado arqueólogo Jorge Iribarren y al ingeniero Hans Bergholz la realización del primer estudio sistemático de un tramo del Camino del Inca: desde Copiapó hasta la quebrada del Juncal, trabajo que dieron a conocer en 1972.
Nuevas investigaciones
El Instituto de Investigaciones Arqueológicas y de Restauración Monumental de la Universidad de Antofagasta, se ha preocupado del estudio arqueológico del Camino del Inca en el interior de la II Región. Por tal motivo ha realizado hasta la fecha dos temporadas de terreno que han permitido valorar los diferentes yacimientos arqueológicos asociados al camino.
La primera expedición se realizó en 1980 y fue dirigida por el director del Instituto, Dr. Mario Rivera, en convenio con el Instituto de Investigaciones Andinas de Nueva York, representado por el Dr. John Hislop, y con la participación de un grupo de arqueólogos chilenos, quienes prospectaron el camino desde el área de San Pedro hasta el tambo de Puquios.
La segunda expedición se realizó en 1981 y estuvo a cargo del arqueólogo Hans Niemayer, participante en la temporada anterior. La prospección se realizó a lomo de mulas desde el tambo de Puquios hasta el de Barrancas Blancas (con apoyo de dos jeeps). Desde allí hasta la quebrada del Juncal se realizó en dichos vehículos.
Al sur de San Pedro de Atacama
La construcción del camino incaico en el Norte de Chile está relacionada con la conquista misma del territorio. Seguramente durante el período de Pachacuti (1438-1471), los incas conquistaron las quebradas de Tarapacá y el área de San Pedro de Atacama, asestando un último golpe a los reinos altiplánicos de la actual Bolivia que controlaban los fértiles valles de tierras bajas del Pacífico. Según cronistas españoles, Tupac Inca Yupanqui (1471-1493) habría continuado la conquista hacia el sur y podemos deducir que en esa época fue construido el camino.
Llama la atención que el Camino del Inca no pasa por los pueblos de San Pedro de Atacama, Toconao y Peine y tampoco por Tambillo. Esto confirma que el camino fue construido durante el período incaico, pues si hubiese sido hecho antes, lógicamente habría unido a los pueblos del salar de Atacama por tratarse de un camino local. Tambillo habría cumplido su función durante el período hispánico. El pukara que está inmediatamente al oeste del pueblo arqueológico de Peine fue construido durante el período incaico, pues el camino lo atraviesa en su ruta hacia el sur.
El pukara de Peine debió cumplir un importante papel estratégico para controlar la entrada o la salida del despoblado de Atacama y el buen funcionamiento del camino en el sector, proveyendo hombres y alimentos. Como centro administrativo y militar estaban en su jurisdicción: Socaire con más de 100 há de terrazas de cultivo donde instalaron seguramente una mit`a agrícola probablemente trasladada del otro lado de los Andes para su mejor explotación; y Peine Viejo, pueblo adyacente al pukara, que se caracteriza por la abundancia de silos para almacenar alimentos.
Tilomonte, 11 km al sur de Peine, es el último oasis donde se puede obtener agua antes de entrar en las serranías del despoblado de Atacama. Después serán 73 Km de camino para llegar al tambo de Puquios.
Cualquiera que se adentre en el despoblado de Atacama siente la sensación de estar frente a una empresa de grandes riesgos por la falta del vital elemento y por las inclemencias del medio desértico de altura. Con razón no fue la ruta preferida de los incas para llegar al centro de Chile. Tampoco Diego de Almagro optó por esta vía. Prefirió el camino del Noroeste de Argentina en 1535, aunque al regreso tuvo que hacerlo por Atacama. En 1540, Pedro de Valdivia fue el primer español en utilizarlo de norte a sur.
El camino hasta poco más al sur de Tilomonte no presenta problemas, pues bordea el salar de Atacama, está trazado con líneas rectas y su construcción es muy sencilla. Hasta donde se pudo observar consiste en despeje de piedras en un ancho medio de 2,50 m dejando en sus bordes piedras alineadas. Junto al camino se encontraron a cierta distancia unas de otras, varias estructuras que podrían considerarse chasquihuasis, además topus que en algunos casos se presentaban a los dos lados del camino y un pequeño tambo entre Peine y Tilomonte.
Al salir del salar de Atacama, el camino se interna por las lomas de Tilocar y cruza la sierra de Tambillos por el portezuelo de San Juan, a 3.220 metros de altura. Aquí encontramos los primeros fragmentos de cerámica diaguita del Norte Chico, algunos con evidente influencia incaica. La cerámica diaguita se ha encontrado en un cementerio de Toconao, lo que nos hace pensar en el derrotero utilizado y la movilidad hacia el norte de los diaguitas durante el período incaico como grupo incorporado a la expansión. Desde el paso antes mencionado pudimos observar las más importantes cumbres andinas, algunas de las cuales destacan como Santuarios de Altura, es decir, lugares donde se realizaban cultos religiosos durante el período incaico o quizás desde antes. Así, desde lejos veíamos el Miscanti, Pular, Socompa y Llullaillaco, en medio de la gran cadena andina.
Al sur de la sierra de Tambillos el camino presenta las mismas características antes mencionadas con topus y chasquihuasis. Encontramos un tambo que denominamos del Meteorito en un lugar totalmente desértico, pero con evidencias que recientemente había sido visitado por un ñandú.
Hacia el sur encontramos junto al camino nuevos restos arqueológicos, siendo los principales el tambo del Petroglifo y el tambo de Neurara, pero ni una gota de agua. En tambo de Puquios era el primer lugar donde los antiguos viajeros podían abastecerse después de salir de Tilomonte. Ahora en Puquios terminaba nuestra primera expedición. Para recorrer el Camino del Inca habíamos dado grandes rodeos con nuestros vehículos; ahora era imposible seguir la ruta ni siquiera con este sistema, pues comenzaba un sector difícil de cruzar, quizás aquí comenzaba el tramo del Camino del Inca que Pedro de Valdivia había ordenado reparar para que "los caballos no se despeñasen". No teníamos otra alternativa, había que dejar la continuación de nuestro cometido para una próxima expedición.
Por el despoblado de Atacama
Para la segunda expedición nos juntamos en tambo de Puquios con dos arrieros de Peine, quienes nos esperaban con ocho mulas y tres burros para iniciar el viaje.
Hacia el Salar de Punta Negra: El 14 de abril de 1981 ascendíamos lentamente por la quebrada de Puquios a la cima, que se encuentra a 4.000 metros de altura. En Altos de Puquios encontramos algunas estructuras arqueológicas junto a evidencias poco definidas del camino. La ruta desciende por la pendiente y sus rastros se han borrado por el tiempo y reaparece en una quebrada seca donde también se encuentra un chasquihuasi. Aquí el camino tiene casi tres metros de ancho y presenta sólo un borde con hilera de piedras, además se encuentran otras estructuras, hasta llegar al lugar que creemos es el tambo de Pajonales, en donde sólo pudimos encontrar, junto a la vega, una construcción que data posiblemente del siglo XIX, y cerámica subactual y colonial hispánica.
El Camino del Inca continúa bordeando a varios kilómetros el Salar de Punta Negra a una altura media de 3.600 metros de altura, rumbo hacia las Vegas de las Zorras de Guanaqueros, donde ubicamos otras estructuras, posiblemente un tambo. Nuestro viaje continuó hacia el suroeste, teniendo como punto de referencia el cerro Punta Negra, pero habíamos perdido las huellas del Camino del Inca y tampoco encontramos vestigios de construcciones indígenas, sólo de tropas de animales, testimonio de la utilización de estos parajes durante la colonia, siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Un Santuario de Altura: Cerca de la quebrada de Zorritas cruzamos un camino de 1,60 m de ancho con pequeñas piedras alineadas en sus bordes que se dirigían hacia el volcán Llullaillaco. Debía de ser un camino incaico secundario y se le restó importancia por desviarse mucho de nuestra ruta. Proseguimos nuestro camino hacia el Cerro Punta Negra, donde sólo encontramos dos topus a unos 6 Km antes de llegar a Barrancas Blancas.
Conversando posteriormente con el baqueano en el pueblo de Socaire, nos dijo que el camino que habíamos cruzado antes de la quebrada de Zorritas era el Camino del Inca, que penetraba al lado argentino por el paso norte del Llullaillaco y entraba nuevamente a Chile por el paso sur, es decir, bordeaba el volcán para luego entrar por el este al tambo de Barrancas Blancas. Serían unos 23 Km más de recorrido que hubiesen retardado en el pasado a los chasquis al llevar sus mensajes.
Pero como se ha dicho, el volcán Llullaillaco es un Santuario de Altura donde los arqueólogos argentinos han encontrado a 6.710 m inmediatamente debajo de la cumbre, diversas construcciones, y a 4.800 m un cementerio con 16 cuerpos asociados a un camino empedrado que comunica estructuras habitacionales, las que muestran su pertenencia al período incaico y justificarían la desviación de una ruta.
Cuando Pedro de Valdivia pasó por este sector, su cronista, Gerónimo de Bibar, anotó:
"Caminando como dicho habemos, allegaron a un río chico que corre poca agua, tanta que, de un salto, se pasa. Comienza a correr a las nueve de la mañana cuando el sol calienta la nieve que está en una rehoya. Corre con grande furia y hace mucho ruido a causa del sitio por donde corre. Dura el correr de este río hasta la hora nona; cuando el sol baja hace sombra una alta sierra y la nieve, que está en la rehoya dicha y, como falta el calor del sol, no se derrite la nieve, a cuya causa deja de correr. Sécase este río de tal manera y suerte que dicen los indios, que mal lo entienden, que vuelve el agua arriba a la contra de como ha corrido. Por lo tanto, le llaman los indios Anchallulla, que quiere decir gran mentiroso".
Por donde nosotros pasamos no había evidencias en ninguna de las quebradas de que hubiese corrido agua; quizás más cerca del volcán se produce el fenómeno que menciona Bibar y por ahí pasa el Camino del Inca; quizás el río Anchallulla o Gran Mentiroso que menciona sea la quebrada de Llullaillaco.
Tambo de Barrancas Blancas y un entierro excepcional: Este importante sitio está compuesto por animales y silos. En superficie encontramos gran cantidad de fragmentos de cerámica incaica y diaguita-incaica que nos demostró las diferentes actividades que se desarrollaron en el pasado. Además un entierro con restos de ocho vicuñas, posiblemente asociado al tambo en su período incaico, evidenciaba un culto religioso y una buena área para la caza.
Nuestra expedición en mulas había terminado en el tambo de Barrancas Blancas. Se decidió continuar la misión con los jeeps que se habían reunido con nosotros en las Vegas de las Zorras de Guanaqueros y cerca de la quebrada de Llullaillaco para abastecemos de alimentos. Ahora viajábamos juntos a Río Frío.
Fin de la expedición: En Río Frío se ubicó una estructura reutilizada, asociada al camino que presentaba características de sendero. Un kilómetro más arriba y al comienzo de los barrancos de la quebrada estaba el tambo de Río Frío, a unos 3.700 metros de altura.
El camino asciende hasta los Altos de Vaquillas, zona a 4.000 m de altura y apta para la caza de guanacos y vicuñas durante el período incaico. Aquí ubicamos más de 30 grupos de restos arqueológicos compuestos de topus, algunos a ambos lados del camino; refugios, chasquihuasis y parapetos para cazadores. En una de las estructuras se encontró un tensor, artefacto que se utilizaba colocándolo en la mano que distendía la cuerda del arco antes de disparar la flecha. Los tensores no se utilizaban en el Perú y parece que se originaron en el noroeste de Argentina. Los tensores encontrados en el Norte de Chile son escasos y principalmente se han ubicado en la costa de Taltal y un ejemplar que se encuentra en el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, rescatado en la sierra de San Juan entre Tilomonte y Monturaqui.
Poco más al sur se encuentra el tambo de Vaquillas. En superficie se encontró bastante cerámica indígena, que permite asegurar la importancia del lugar durante el período incaico y que siguió utilizándose durante el período español. El fraile dominicano Ignacio León de Garavito, a mediados del siglo XVII, dice: "Baquillas, alojamiento con agua de serranía y la última del poblado de Copiapó". Las futuras excavaciones que se realicen en ese sector, permitirán deducir qué ayllu estuvo a cargo de la mantención del camino en toda esta área limítrofe y despoblada.
Al sur de Vaquillas ubicamos escasos restos arqueológicos, estructuras que posiblemente sirvieron de chasquihuasi. Un poco más y se encuentra la mina de Vaquillas, centro de abastecimiento que tuvimos en nuestra expedición. En la quebrada de Incahuasi ("Casa del Inca") no encontramos evidencias arquitectónicas ni del camino. Y así llegamos hasta la quebrada del Juncal, fin de nuestra expedición, después de haber completado alrededor de 400 Km del Camino del Inca en las dos temporadas del campo.
"Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre".
Pablo Neruda
Alturas de Machu-Picchu.
Patricio Núñez Henríquez
Arqueólogo
Universidad de Antofagasta.