Impacto del medio ambiente en el desarrollo cerebral
( Creces, 2012 )

El cerebro es un órgano muy particular. Es el único que nace con el número total de células, las que persisten durante toda la vida y su desarrollo depende tanto del programa genético como de factores medioambientales.

Hasta hace algunas décadas se pensaba que el cerebro era un órgano muy rígido, al menos en su estructura. El célebre anatomista y Premio Nobel, Ramón y Cajal, afirmaba que el cerebro era fijo e inmutable: "Pueden sus células morir, pero nunca se podrán regenerar" (1). Esto mismo pareció confirmarse al comprobar que era el único órgano que ya en el momento de nacer, o muy poco después, alcanzaba su número definitivo de células (neuronas), las mismas que persistirían durante toda la vida, sólo destruyéndose algunas en la medida que se envejecía. Esta particularidad lo diferenciaba de todos los demás órganos, cuyas células después del nacimiento, en un proceso continuo, envejecen y se renuevan de acuerdo a sus funciones metabólicas. Incluso algunos tejidos pueden regenerarse después de haber sido dañados, como era el caso del hígado o la piel. Por estas características propia de las neuronas se consideraba que el cerebro estaba genéticamente determinado y que era escaza la influencia que pudiera tener en su desarrollo y funcionalidad, factores externos propios del medio ambiente.

En los últimos años, estos conceptos han variado fundamentalmente. Se ha comenzado a conocer las complejidades del tejido cerebral y lo vulnerable y dependiente que es de factores ambientales, ya sea durante su desarrollo intrauterino, como también durante los primeros años de vida (2). También se ha comprobado que es posible que incluso, el cerebro adulto, pueda llegar a regenerar neuronas, pero sólo en zonas muy específicas y limitadas (3).

Características del desarrollo cerebral: Ya a los 18 días de fertilizado el óvulo, se puede distinguir en el embrión, la llamada "placa neural", que luego se dobla sobre sí misma, para llegar a constituir el llamado "tubo neural", de donde más tarde comienzan a separarse los dos hemisferios cerebrales. Al mes ya se ha formado el "cerebro primitivo". Durante esta etapa, las neuronas comienzan a dividirse muy activamente, multiplicándose a razón de 250 mil por minuto. Luego las neuronas comienzan a diferenciarse (según su función, se han descrito cincuenta tipos de neuronas diferentes) y simultáneamente inician una migración a su ubicación definitiva en la corteza cerebral. Según su especialización, viajan hasta llegar a formar placas homogéneas en la corteza cerebral, la que mide aproximadamente 3 milímetros de grosor.

En la corteza del cerebro definitivo existen diferentes zonas, cada una estructurada según su función específica: zona motora, zona auditiva, zona somato sensorial y muchas otras, según sean los procesos cognitivos específicos en que se especializan. Otras zonas no se pueden clasificar, ya que su función es interrelacionar diferentes zonas, para funcionar como un todo. Estas se denominan "corteza de asociación. Tal es la zona pre-frontal. No se sabe como cada neurona, sin equivocarse, migra desde su sitio de división y diferenciación, a la zona cerebral que le corresponde, pero si se ha comprobado que en ello juegan un papel importante las células gliales, que parecen guiar su migración. Es así como se va construyendo la arquitectura cerebral, siguiendo el programa contenido en el DNA celular.

Durante los últimos tres meses de vida intrauterina, se comienzan a formar las "circunvoluciones cerebrales". Ello se produce porque el cerebro de los animales superiores, y especialmente el del ser humano, tiene demasiadas neuronas y necesita una gran superficie para instalarse. Los animales inferiores, como ratas, conejos o cuyes, no tienen circunvoluciones ya que sus neuronas son menos. Si en el cerebro humano no se produjeran circunvoluciones, el cerebro y por lo tanto el cráneo, debería alcanzar un diámetro de medio metro, con lo que no cabría en la pelvis y en el momento de nacer tampoco podría pasar a través de ella.

Al momento de nacer o muy cerca de ese tiempo, el cerebro humano ya posee prácticamente el total de sus neuronas. El ritmo de división celular se ha completado (neuronas), o continúa muy lentamente hasta las primeras semanas de vida extrauterina . En relación al cerebro de otros animales, el humano nace muy inmaduro. Mientras la rata recién nacida demora dos meses para alcanzar su madurez completa, en el ser humano la madurez la alcanza solo a los 16 años, al llegar al término de la adolescencia. Es el mamífero cuyo cerebro nace más inmaduro.

Al momento de nacer, este pesa 50 gramos (lo mismo que pesa en esa etapa el cerebro del chimpancé, cuyo mayor desarrollo es intrauterino). Pero de allí en adelante se inicia una etapa de desarrollo muy rápido, de modo que a los catorce meses llega a pesar 900 gramos, lo que representa el 80% de su peso definitivo (a esta misma edad, el hígado solo alcanza el 25% de su peso definitivo). Durante este período el cerebro está creciendo a razón de 2 miligramos por minuto y su actividad metabólica es muy intensa. A los dos años de edad, la actividad metabólica, medida por la técnica de tomografía de emisión de positrones (PET), alcanza a niveles semejantes a la del cerebro adulto, y está consumiendo del orden del 20% al 30% del total de las calorías que ingiere.

A los nueve meses después de la concepción, ya la mayor parte de las neuronas se han diferenciado y ubicado en las regiones cerebrales respectivas. Una vez en su lugar de destino, cada neurona comienza a echar raíces, iniciando la comunicación con las neuronas vecinas mediante el desarrollo de sinapsis. También los axones crecen para comunicarse con neuronas distantes ubicadas en diferentes zonas del sistema nervioso central o periférico, constituyendo así una compleja maraña que permite que el cerebro, ante cualquier estímulo, actúe como un todo.

Es este proceso el que se ha llamado "cableado cerebral", y es a su construcción al que se le atribuye su espectacular crecimiento durante los primeros dos años de vida. Sin embargo hay que distinguir dos etapas del cableado: el desarrollo del cableado "duro", que se establece ya antes del nacimiento, y que va a permitir la regulación y comunicación central conectándose con los procesos vitales de los diferentes órganos del cuerpo (corazón, hígado, riñones, huesos, sistema inmunológico etc.). Luego, después de nacer, se inicia el "cableado fino", que va a conectar las neuronas vecinas entre sí, y a estas con las diferentes zonas cognitivas y de asociación, logrando que el cerebro funcione como un todo. Este segundo proceso, de cableado fino, es mucho más intenso que el anterior y se va generando durante los primeros períodos de la vida extrauterina. Es este complejo cableado, el que condiciona el rápido crecimiento cerebral de los primeros años de vida. El proceso requiere de un elevado aporte calórico y de nutrientes. Es en su desarrollo y formación, donde intervienen poderosamente los factores ambientales.

Medio ambiente y desarrollo cerebral: Ha sido solo durante las últimas décadas que se ha comenzado a poner en evidencia la importancia del impacto medio ambiental sobre el desarrollo y funcionamiento cerebral (2). Gracias a los enormes progresos y las respectivas técnicas biológicas, genéticas, antropológicas y muy especialmente los avances en la bioquímica cerebral, es que ha sido posible ir conociendo la interacción medioambiental en el desarrollo cerebral y muy especialmente en el proceso del cableado fino neuronal. Hoy sabemos que tanto la correcta arquitectura cerebral genéticamente determinada durante la gestación, como las adecuadas condiciones ambientales durante los primeros años de vida, interactúan hasta llegar a plasmar las características de la personalidad, el comportamiento, el crecimiento físico del individuo, el rendimiento intelectual, e incluso la salud durante el ciclo vital.

Es durante el período del crecimiento rápido, en los primeros períodos de la vida (últimas etapas del desarrollo fetal y los primeros años de vida extrauterina), es el tiempo en que el medio ambiente interactúa con la genética. Si el medio ambiente es lo suficientemente generoso y amigable, va a ser posible la máxima expresión de las capacidades genéticas, tanto físicas como intelectuales, logrando así un normal estado de salud. Por el contrario, si los factores ambientales son adversos, en igual proporción repercutirán negativamente, limitando y/o modificando, las expresiones de los genes.

Se entiende por medio ambiente "generoso y amigable", aquel que por un lado, es capaz de proporcionar todos los nutrientes necesarios, en las proporciones y tiempos que el programa genético necesita para la construcción de la arquitectura y conexión cerebral, y por otro, es también capaz de enviar durante esta etapa, armónicamente, los diversos estímulos cognitivos, emocionales y no emocionales adecuados como para que en conjunto permitan la expresión del potencial genético. Entendiendo por tal, la formación de la personalidad, sus capacidades físicas y mentales, y finalmente en el equilibrio de su estado de salud.

Desnutrición en los primeros periodos de la vida: En el pasado se sostenía que el organismo era tan sabio, que frente a una desnutrición producida durante los primeros periodos de la vida, era capaz de sacrificar todos los demás órganos para preservar el desarrollo del cerebro. La realidad nos ha demostrado que no es así. Los niños que sufren una desnutrición precoz, el cerebro les crece menos, lo que se demuestra por su menor diámetro craneano en función de la edad (figura 1) (4). Hemos observado que al igual que otros órganos, este se atrofia y pierde volumen. Hemos comprobado su atrofia mediante una técnica de transiluminación del cráneo. Usando una fuente potente de luz, aplicada a la superficie externa del cráneo, se evidencia el incremento del líquido cefalorraquídeo, secundario a una atrófia cerebral (figura 2) (5). Por otra parte, tanto nuestras investigaciones realizadas en animales, como lo observado en las autopsias de lactantes fallecidos por desnutrición grave, demuestran graves alteraciones de la estructura neuronal, del número de sinapsis (6) y del funcionamiento de neuronal (figura 3) (7). Son también numerosas las alteraciones bioquímicas, neurofisiológicas, metabólicas, bioeléctricas y funcionales que allí se producen (figura 4) (8).

El déficit de nutrientes y calorías, interfiere en el programa de desarrollo genético, que según la cuantía del déficit le obliga a seguir vías metabólicas aberrantes, que van dejando secuelas muy difíciles de reparar, ya que pasan a ser defectos estructurales. Normalmente la construcción de la compleja arquitectura cerebral, se va desarrollando en tiempos definidos, que van sucediéndose en etapas que tienen requerimientos nutricionales específicos. Si faltan los materiales nutricionales y calóricos en alguna de ellas, la estructura cerebral se distorsiona, dejando defectos que posteriormente se pueden manifestar en anomalías que repercuten a lo largo de la vida. El seguimiento de niños que sufrieron una desnutrición grave durante los primeros dos años de vida (fetal y post natal), demuestra quince años más tarde, la existencia de un retraso significativo en la talla, con desproporciones antropométrica (piernas cortas en relación a la talla), tendencia a la obesidad, dificultades en el aprendizaje, y menor rendimiento intelectual (figura 5) (9). Estudios de seguimiento realizados en Brasil, correlacionan la desnutrición precoz, con la posterior aparición de obesidad, diabetes, hipertensión, y consecuentemente cardiopatías (10). Otros autores señalan también que las limitaciones nutricionales durante la gestación o el primer año de vida, incrementan los riesgos de aparición de enfermedades tan variadas, como la hipertensión, los trastornos cardiovasculares, la diabetes o la obesidad (11).

Es así como cómo en ocasiones factores externos, provenientes del medio ambiente intervienen en el programa genético, induciendo cambios durante la vida del individuo. Más sorprendente es que muchas veces estos cambios se traspasen a la nueva generación. Ello por medio de mecanismos denominados "epigenéticos", que no afectan la estructura de sus genes, sino la cuantía de la expresión de ellos. La epigenética se puede considerar como la adecuación de la expresión genética a los cambios ambientales, sin que necesariamente estos lleguen a modificar las estructuras de su DNA. En experiencias desarrolladas en ratas, sometidas a una restricción calórica durante los primeros siete días de vida, se traduce en una disminución del ritmo de crecimiento en forma permanente, aun cuando se haya normalizado el aporte calórico y nutricional. Del mismo modo, la desnutrición mantenida por generaciones (cinco generaciones), produce un retardo sumatorio del crecimiento, que demora más de dos generaciones en recuperarse totalmente (figura 6) (9). Situaciones similares de alteraciones del crecimiento se han observado en niños que han sufrido desnutrición durante los primeros periodos de la vida como consecuencia de precarias condiciones de vida (12).

Estimulación cognitiva, emocional y verbal: Estas modificaciones epigenéticas, en las primeras etapas de la vida, no solo ocurren por carencias nutritivas, sino también se producen por distorsiones emocionales, afectivas y cognitivas durante las etapas de formación del cerebro, de alguna manera condicionando el proceso del cableado fino. El enorme incremento de las publicaciones que relacionan la adversidad del medio ambiente durante los primeros períodos de la vida, han despertado un creciente interés en el tema. Sin embargo la dificultad de acceso al tejido cerebral y las limitaciones éticas acumuladas han dificultado sus avances. En un esfuerzo por sortear la dificultad, diversos autores han intentado investigar en modelos animales, tratando de extrapolar sus hallazgos a humanos, con todas las limitaciones que ello involucra.

Michael Meaney y Moshe Szf, han estado experimentando en ratas, observando que el comportamiento de madres desaprensivas puede afectar el desarrollo posterior de sus crías, lo que atribuyen a mecanismos epigenéticos a nivel del cerebro (13). De este modo la epigenética podría explicar cómo experiencias tempranas podrían dejar marcas indelebles en el cerebro que más tarde influirían en el comportamiento de las personas e incluso en su salud.

Todo parece indicar que el medio ambiente adverso llega a dañar al niño durante los primeros períodos de la vida. En condiciones de pobreza, ello no sólo ocurre por carencias nutritivas, sino también por distorsiones emocionales y carencias afectivas y cognitivas, que impactan en el sistema nervioso central dejando huellas que persisten a lo largo de la vida. Ellas se manifiestan también en deficiencias de la capacidad mental, que mas tarde dificultan el aprendizaje e inducen conductas anómalas en edades posteriores. Esa ha sido la experiencia de lo observado en CONIN, especialmente en niños no deseados, o hijos de madres solteras muy jóvenes, fisiológica ni emocionalmente preparadas para la maternidad, o distorsiones graves del ambiente familiar (14).

Por lo general la pobreza se acompaña de un deficiente nivel cultural y educacional, junto a una deprivación psico-afectiva. Al estudiar el medio ambiente familiar en niños pertenecientes a los niveles de extrema pobreza, es frecuente comprobar su deterioro. Su ambiente familiar es gris y aplastante, no estimula su imaginación ni exacerba su curiosidad. Tal vez la más grande deficiencia sea la limitación de la estimulación verbal, ya que el vocabulario de los padres es muy restringido y la escolaridad muy baja. El niño nace y se desarrolla en un ambiente de inseguridad y carente de estímulos psíquicos y afectivos (15). Es en los primeros años de vida, cuando el niño necesita experiencias sensoriales consistentes, predecibles y repetitivas para que su capacidad intelectual y emocional se desarrolle normalmente. El caos sensorial durante esta etapa (violencia domestica, abusos y abandonos), dejan un profundo efecto en su salud mental que persiste en el tiempo.

En nuestro país, a pesar que la desnutrición de los primeros años de vida, ya ha sido superada (9), persisten aún los factores adversos que frecuentemente acompañan a la pobreza. Los profesionales de CONIN, después de tratar a más de 80 mil lactantes provenientes de familias de extrema pobreza, han ganado una amplia experiencia en este campo. Mediante un tratamiento integral (nutrición y adecuada estimulación psico-afectiva) logran una significativa recuperación si esta terapia se implementa tempranamente. Pero a pesar de ello, basta padecer de desnutrición grave por cortos periodos de tiempo, para que la recuperación no sea completa, no alcanzando la total normalidad en su desarrollo físico ni intelectual. Por ello, es que hemos comprobado que no basta prevenir la desnutrición temprana, si persiste la marginalidad social de la familia. Más aun, el daño puede ser transgeneracional.

° Fernando Mönckeberg Barros. Universidad Diego Portales

"Las causas de la deficiencia mental en el niño son muchas y todas irreversibles. Hay sólo una, en la que actuando a tiempo se puede prevenir y que es por mucho la más frecuente. Es la deficiencia mental producida por el hombre, mediante la pobreza, la marginalidad y la desnutrición".

"En los tiempos de la sociedad del conocimiento, el factor clave para el desarrollo y el bienestar, es el recurso humano indemne, adecuadamente capacitado y educado".



1- Ramón y Cajal S.: Nobel Lectures. Physiology of Medicine. Elsevier, Amasterdam. pp 220-253, 1967.

2- Kandel, E. y Squirre, R.Neurociency: Breaking Down Scientific Barriers of the Study of Brain and Mind. Science 290, 2000,pp 1113-20.

3-Costandi, M.: Fantasy Fix. New Scientist, Febrero 18, 2012. pp 39-4.

4- Mönckeberg, F.: La Estimulación Precoz del Niño con Desnutrición Grave. En: Prevención de la Deficiencia Mental. En: Ediciones Lamer, Madrid 1984, pp 130-137.

5 -Rozowsky, J., Novoa, F., Abarzúa J. y Mönckeberg, F. Craneal Trans-illumination in Infant Malnutrition Br.J. Nutr.25:1971, pp 107-111

6- Cordero M., Zvaighft, Muzzo, S., Brunser O. Histological Maduration of the Astroglia Cells in Early Malnutrition. Research 17:1982, pp. 187-98.

7-Mönckeberg, F. Salas, C: Nutrición y Bioquímica del Sistema Nervioso Durante el Desarrollo. Arch.Latinoam.Nutr. 42:1974, pp 321-338.

8- Mönckeberg F.: Effects of Malnutrition on Brain and Intellectual Development. En: National Educación Press, Hayattsville, 1973, pp 207-236

9- Mönckeberg, F. y Albino A.: Desnutrición, "El Mal Oculto". En: Colección Cono Sur. Cordoba. Argentina, 2004.

10-Kolhan, S.C. y cols. En: Nestle Nutrition Institute, Vevey, Sewitzerland 63: 2009, pp l-XI

11- Barker, D. Development Origins of Health and Disease. British Medical Journal 322:2005, pp 949-954

12- Mönckeberg, F.: The Effect of Malnutrition on Physical Growth and Brain Development. Prescott JU, Read MS, and Cousin DB, edt. Brain Function and Malnutrition. Neuropsychological Methods of Assesment. New York. John Wiley, 1975, pp. 15-39.

13- Meaney M. and Szf, M.: Detrimental Enviromental Damage. Science Agosto 10, 2001, pp. 1064-1072.

14- Mönckeberg F.: Recovery of Severe Affective Stimulation. In: Proceeding International Nutrition Conference. Behavioral Effects on Energy and Protein Deficits. USA. National Institute of Arthritis, Metabolism and Digestive Diseases N.I.H. Publication N°79, 1979. pp 121-130.

15- Mönckeberg F., Tisler, S. Toro S., Gattas,V. : Malnutrition and Mental Development. Am. J. Clin Nutr. 25: 1972, pp 766-772.






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