El músculo en el deporte
( Publicado en Revista Creces, Marzo 1985 )

Si las marcas mundiales van cayendo año tras año tanto para hombres como para mujeres, cabe preguntarse hasta cuándo mejorará el rendimiento y cuánto tiene que ver en todo esto el aporte genético, la calidad alimentaria y la fisiología misma del individuo.

Las marcas y actuaciones de los deportistas cada año adquieren matices impresionantes, y en cada nueva competencia nacional o internacional se baten los récords que hasta entonces permanecían como históricos. En 1982 cayeron 93 marcas mundiales y en 1983 la cifra llegó a 109. Una comparación con lo ocurrido entre los Juegos Olímpicos de París (1900) y los recientes de Los Angeles, EE.UU. (1984), se aprecia en la Tabla 1.

¿Cuál es la meta en esta superación o mejora de los rendimientos? ¿Son inhumanos los métodos de entrenamiento o, por el contrario, son ""sobre humanos"" los deportistas de hoy?.

Es fácil escuchar a dirigentes, entrenadores o comentaristas, dar respuestas muy poco serias y sin fundamento a estas interrogantes. La ciencia está aclarando todas estas preguntas por intermedio de complejos -pero muy lógicos- procedimientos, los cuales todavía las autoridades del deporte no comprenden, por lo que no respaldan como debieran.


Rendimiento físico y deportivo

Hay que indicar, en primer lugar, que tanto el rendimiento físico como el deportivo están afectados por una gama de factores en que sin duda los métodos de entrenamiento juegan un papel fundamental, pero donde también los componentes alimentarios y los hábitos de vida van a contribuir a la magnitud de los resultados que se obtengan. Por otro lado, las variables fenotípicas (las características perceptibles de un organismo, resultado de la interacción con el patrimonio genético y el ambiente) parecen ser, a la luz de recientes investigaciones, determinantes en el nivel de rendimiento físico y deportivo.

El rendimiento físico, dependiente de variables relacionadas con la capacidad funcional de órganos y sistemas, adquiere mayor relevancia en una u otra especialidad deportiva. El rendimiento deportivo, en cambio, es la expresión en mayor o menor grado de las cualidades físicas en términos de habilidades, tiempo de reacción, equilibrio y todo aquello en que los factores perceptivo-cinéticos jueguen un papel preponderante.

En un corredor de maratón, por ejemplo, su rendimiento deportivo va a depender de la capacidad funcional del sistema cardio respiratorio y metabólico, es decir, es fundamental en la predicción del éxito de este tipo de competidor conocer su rendimiento físico en términos de consumo de oxígeno expresado en ml/kg/minuto. Sin embargo, el rendimiento deportivo del gimnasta o un saltador de alto, en que las habilidades son más importantes que las capacidades, su rendimiento va a depender de cualidades relacionadas en forma más directa con el Sistema Nervioso Central.


Aspectos genéticos

Se ha podido constatar en grupos experimentales que los aspectos genéticos son determinantes en una variable fundamental en relación al rendimiento deportivo: el grado de sensibilidad al entrenamiento (entrenabilidad). Al someter a individuos muy similares a un mismo sistema, volumen e intensidad de entrenamiento, las respuestas a éste son de insospechada magnitud, lográndose en unos un 10% de incremento de la condición física, mientras que en otros alcanza a un 60%.

Existen evidencias de que los factores genéticos son determinantes en las características antropométricas, en la composición corporal; en la función pulmonar, cardíaca y circulatoria; en las características musculares, en la utilización de sustratos como también en la capacidad de consumo de oxígeno.

Los datos recientes sugieren que esta sensibilidad por el entrenamiento difiere profundamente entre los seres humanos y depende en alto grado de factores genéticos.


Biología de los deportes

Al referirnos al ""sujeto deportista"" es necesario hacer una serie de distinciones respecto al tipo de deportista de que se trata. Según el grado de importancia que tienen en sus resultados las habilidades físicas o las capacidades físicas es como podemos clasificar a los distintos deportes, siendo cada una de estas variables dependiente en un mayor grado del Sistema Nervioso Central o del Sistema Cardiorrespiratorio, respectivamente. Por otro lado, los deportes pueden ser clasificados también según la intensidad o duración de los esfuerzos que lo componen, pudiendo además ser éstos continuos o intermitentes (aeróbicos a anaeróbicos).

Dependiendo de estas características va a ser el grado de compromiso de diversos órganos y sistemas. Según los principios bioenergéticos, la célula muscular va a utilizar uno u otro mecanismo de producción de energía, pudiendo ser estos deportes llevados a cabo mediante mecanismos de producción anaeróbica o aeróbica (glicolítica u oxidativa).


La célula muscular

Los estudios mediante técnicas de biopsia muscular en diversos deportistas y en distintos músculos de éstos, han permitido dar un vuelco importante en los fundamentos y conocimientos relacionados con el rendimiento deportivo. Las características histológicas (tejidos) y químicas de determinados grupos musculares tienen una significativa influencia en el rendimiento físico y deportivo, y es a ese nivel - a veces microscópico - donde hay que ir a buscar las causas de las marcas de excepción.

Los deportistas con un porcentaje mayor de fibras del tipo I, caracterizadas por una actividad enzimática oxidativa y una superficie mitocondrial aumentada, poseen mejores rendimientos en deportes de larga duración y esfuerzos continuos. Como se recordará, la mitocondria es la "central energética" de que dispone la célula, y en la medida que ésta sea más grande, habrá mayor ayuda para hacer frente a las prolongadas exigencias a nivel celular. Esta correlación es mucho mejor aún en deportistas de velocidad. Estos poseen un índice mayor de fibras tipo ll que del tipo I, las que están caracterizadas por tener un mayor grado de inervación y una mayor actividad enzimática glicolítica, es decir a nivel de la degradación y aprovechamiento energético de los materiales esenciales al interior de la célula.

De esta forma, en el vasto lateral extremo del músculo cuadríceps de los corredores de maratón (muslo) se ha detectado un 91% de fibras del tipo I, siendo el índice normal de la población un 50%. El cuadríceps crural es el músculo extensor de la pierna y está formado por cuatro fascículos musculares, a dos de los cuales se los conoce como vastos por sus grandes dimensiones.

En los velocistas, el índice de fibras del tipo II detectados en el vasto lateral alcanza a un 78%. Esto ha servido para explicar en gran medida los rendimientos en pruebas de resistencia y de velocidad. La correlación encontrada entre fondistas y velocistas es de 0.7 y 0.81 respectivamente, como puede apreciarse comparativamente en la Tabla 2.

Debe señalarse que el entrenamiento aeróbico influye en la capacidad metabólica oxidativa del músculo esquelético, por intermedio del incremento de la capacidad para oxidar hidratos de carbono y ácidos grasos, como también el aumento en los potenciales glugoneogénicos y glicogénicos.

Tales alteraciones son producidas en parte por los cambios en la composición de las fibras musculares, las que están determinadas genéticamente. Con el entrenamiento, dicho cambio puede llegar a ser hasta de un 15%, sin embargo la actividad enzimática muscular sufre modificaciones considerables, lo que parece ser moderadamente afectado por el genotipo (herencia).


Condición física

¿Podemos decir que Carlos López, vencedor de la maratón hasta el año 1985 de los Juegos olímpicos, posee mejores o mayores cualidades que Carl Lewis, el cuatricampeón de Los Ángeles? Para responder cabalmente a esta pregunta que se escucha en muchos círculos, hay que definir a la condición física como una cualidad del ser humano en la que se manifiesta el estado a nivel de ciertas aptitudes como la aeróbica, anaeróbica y el grado de flexibilidad y de composición corporal.

Se dice que el sujeto sano debe poseer una buena condición física, es decir, una óptima capacidad aeróbica y anaeróbica; un adecuado grado de flexibilidad y un óptimo porcentaje de tejido adiposo. Sin embargo, los deportistas olímpicos no poseen una buena condición física, sino que más bien un desmesurado desarrollo de algunas de las aptitudes que componen la condición física.

Pesistas, velocistas, gimnastas, etc., no poseen una buena capacidad aeróbica, es decir, su desarrollo cardiovascular es semejante al de un sedentario y los riesgos de enfermedades circulatorias también son idénticos.

Nadadores, ciclistas y maratonistas no poseen la fuerza ni la flexibilidad de los anteriores y entre todos existen diversos porcentajes de tejido grasa (Tabla 3).

Recientes estudios señalan que los atletas olímpicos viven menos años que los sujetos sedentarios sanos normales. Ellos requieren de una sola combinación: entrenamiento y genética. El primero depende y puede estar prácticamente bajo el control total del atleta. La segunda es la "camiseta" que trae puesta desde que nace y, por lo tanto, no depende de él.

La combinación entre los potenciales genéticos y el tipo de entrenamiento exhaustivo será la clave del éxito de cada atleta. Muchas horas de paciente entrenamiento diario serán en vano si no concuerdan o están relacionadas con las características hereditarias del deportista, las cuales en cierta forma pueden ser detectadas precozmente.

Los entrenadores no hacen a los deportistas. Sólo orientan sus potenciales con los cuales nacen.

Los seres humanos con niveles de capacidad de contracción muscular elevada y veloz se caracterizan por un mayor grado de inervación muscular y desarrollan importantes cantidades de energía en la unidad de tiempo. Otros, con un desarrollo por sobre lo normal en sus sistemas de transporte (circulatorio y respiratorio) y con características musculares oxidativas, van a poder mantener niveles de producción de energía elevados durante una a dos horas. Los factores genéticos no sólo serán importantes en la determinación de las características físicas sino también en la de músculos y nervios.

Las ciencias que tienen que ver con la actividad física han desarrollado métodos de ayuda para los procesos de selección, los que actualmente están empleándose en diversos países, incluyendo los en vías de desarrollo, evitando así desmesuradas e inútiles inversiones. Los métodos de entrenamiento a los que hoy se somete a los deportistas do elite poseen bases y fundamentos científicos que no sólo modifican algunos sistemas clásicos, sino que también descartan varios de los métodos que todavía utilizan gran parte de los entrenadores y técnicos. Cada día los entrenamientos de elite se acercan más y más a uno de sus principios fundamentales, el de la especificidad, que se planifica en relación a las características genéticas del deportista y al tipo de esfuerzo a que se va a dedicar.


Conclusiones

La posibilidad que tiene el o los deportistas de elevar sus capacidades funcionales de órganos y sistemas es una propiedad entrenable. El grado de desarrollo que se pueda alcanzar es dependiente de factores genéticos. Tal desarrollo, además del entrenamiento, va a estar subordinado a los estilos o sistemas de vida que el deportista tenga. El éxito del deportista con la eficacia de los sistemas de entrenamiento utilizado va a ser determinado por el grado de sensibilidad que cada ser humano tenga por el entrenamiento.

Es importante agregar de qué forma el conocimiento científico y la destrucción de productos y barreras sociales también han contribuido a estrechar significativamente las diferencias entre los rendimientos del hombre y la mujer (Tabla 4). En cifras, éste fue de 27% en 1952 y sólo del 13% en 1984. ¿Llegarán tales distancias a acortarse tanto como para desaparecer? El tema es tan interesante como para consideración detallada en otro artículo.



Carlos Saavedra

Director Academia de Educación Física de Chile.



Para saber más

1. Participación de atletas del sexo femenino en carreras de larga distancia.

Opinión del Colegio Americano de Medicina del Deporte.

Archivos de la Soc. Chil. de Medicina del Deporte, 24 marzo 1980, p6g. 23.


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