Grasa parda
( Publicado en Revista Creces, Enero 1986 )

Es un tejido especial presente en los animales y también en la especie humana, cuya tarea dista del que conocemos para la conocida grasa amarilla. Produce calor y aisla el frío, y cuando no funciona como tal, aparece la obesidad. Parece probable hacer trabajar a esta grasa para combatir el exceso de peso, pero sin privarse del placer de comer.

¿Por qué hay personas que parecen privilegiadas, que comen todo lo que se les ocurre y no engordan? ¿Es que no absorben bien lo que comen y pierden por las deposiciones un exceso de calorías?. Bien podría ser ésa una razón. Sin embargo, muchos no recurren en forma natural a ese medio. La razón podría ser otra: la "grasa parda" que les permite quemar el exceso de calorías consumidas y gastarlas produciendo incremento en la temperatura corporal.

Las matemáticas también regulan la obesidad. Si se ingieren más calorías que las que se queman o se pierden, éstas se almacenan en las células adiposas del organismo en forma de grasa y eso, a la larga, significa obesidad. Si se ingiere menos de lo que se necesita, esa grasa depositada se quema y el individuo enflaquece. Sin embargo, en todo este juego, pareciera que la grasa parda juega un papel muy importante. Se trata de un tejido graso muy especial que es capaz de quemar calorías sin que se acumule grasa. Si se produce un defecto en tal tejido, se acumularía un exceso de grasa y el resultado sería la obesidad. Si por el contrario, la grasa parda trabaja muy activamente, el individuo adelgazaría.


Un poco de historia

La verdad es que no se trata de un descubrimiento nuevo. Se conoce desde hace por lo menos cuatrocientos años. Se trata de un tejido adiposo, de color pardo, que se acumula principalmente en la espalda, los hombros y el cuello de los animales que tienen la propiedad de hibernar. En las marmotas, los murciélagos, las ratas, los conejos y especialmente en los animales que hibernan en zonas expuestas al frío.

Por mucho tiempo se consideró que la grasa parda era una verdadera glándula endocrina que regulaba la hibernación. Hoy se sabe que esto no es cierto. Todos los mamíferos tienen grasa parda y también el Hombre, especialmente el recién nacido. La grasa parda juega otra función totalmente diferente. Se puede decir que es el reverso de la grasa amarilla, que cubre todos nuestros tejidos intersticiales. Mientras que la grasa amarilla, convencional, formada por células adiposas, tiene por objeto almacenar grasas de reservas y proteger la temperatura del cuerpo, la grasa parda es un horno metabólico capaz de producir grandes cantidades de calor con el objeto de calentar órganos vitales, como el corazón, riñones, glándulas suprarrenales o el cerebro.

Esto de producir calor no es sólo función de la grasa parda. Todas las células y tejidos lo generan, pero como un subproducto de su actividad bioquímica y calórica. Junto a esta producción obligatoria de calor, hay otra facultativa u opcional que los mamíferos usan para regular su temperatura. Por ejemplo, el ejercicio produce trabajo de la célula muscular y también genera calor (por eso nos acaloramos cuando corremos). También el tiritar produce calor. Si la temperatura externa es muy baja, el organismo reacciona tiritando (no es otra cosa que contracciones musculares), lo que produce calor y así se defiende el organismo del frío.

La grasa parda, en cambio, es un tejido cuya función es producir calor. Ella es responsable por la temperatura que genera (no debida a los tiritones). Para cumplir este objetivo presenta una estructura histológica especial: sus células tienen gran cantidad de mitocondrias, organelos típicamente productores de energía donde se degradan hidratos de carbono y grasas, así como de citocromos, enzimas ricas en hierro, todo lo cual le transfiere al tejido un color pardusco. La grasa parda está irrigada por una gran cantidad de vasos sanguíneos y presenta numerosas conexiones nerviosas del tipo simpático.


Funcionamiento

Cuando el organismo detecta una baja de la temperatura del medio ambiente (aunque sean sólo 2° C), actúa el sistema nervioso y al nivel de la grasa parda, libera el neurotransmisor noradrenalina. Esta ordena el trabajo de las mitocondrias. Tales organelos producen ATP (Adenosín trifosfato), una forma de almacenar la energía necesaria para todos los procesos metabólicos de la célula. En el caso de las mitocondrias de las células de grasa parda, esta última reacción química está desacoplada y en lugar de producir ATP, genera calor. Por este mecanismo la grasa parda genera 80 veces más calor que las demás células.

Pero la grasa parda no sólo responde a los descensos bruscos de la temperatura, sino también a los cambios climáticos mantenidos. Las ratas, puestas a un ambiente de frío mantenido, aumentan al doble la grasa parda e incrementan, además, las mitocondrias en cada una de las células. Puestas las ratas a un frío de 6° C, comienzan a tiritar para compensarlo, pero luego dejan de hacerlo y ponen a funcionar la grasa parda, la que se hace más sensible a la noradrenalina.

La doctora Jean Himms-Hagen, directora del Departamento de Bioquímica de la Universidad de Ottawa (Canadá), fue uno de los primeros científicos en investigar esta función de la grasa parda. Ella ha indagado la conexión que puede existir entre grasa parda y obesidad. Así, por ejemplo, descubrió que en una raza de ratas, que genéticamente tienen tendencia a la obesidad, su grasa parda es incapaz de responder al frío, produciendo calor. Debido a que su grasa parda no funciona, son obesas. Por otra parte, pudo observar que ratas normales, aclimatadas al frío y que por lo tanto tienen más grasa parda, pueden comer el doble de una rata normal y, sin embargo, no se ponen obesas. Ello se debe a que la mayor cantidad de grasa parda hace que se queme más grasa y que no se acumule, como sucede en la obesidad.

Es posible, entonces, que haciendo trabajar la grasa parda se pueda combatir la obesidad aun sin privarse del placer de comer. Podría por ejemplo, manipularse la grasa usando diferentes hormonas. Ya se está trabajando en la búsqueda de compuestos que puedan tratar la obesidad, induciendo la actividad de la grasa parda. ¡Esperemos!.



Para saber más


(1) Forsyth, A. The roots of obesity. Science Dimension 16:12, 1984.


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Mo

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