Anabolizantes en la carne
( Publicado en Revista Creces, Mes año )

La mitad de la carne que consumimos proviene de animales que han sido engordados con agentes anabolizantes. Su dosificación en exceso daña funciones vitales de los vacunos y repercute en el hombre cuando se consume su carne.

La necesidad de satisfacer las demandas nutritivas de una población siempre creciente ha llevado a identificar los sistemas de producción agrícola y ganadera.

Si se comparan los índices productivos actuales con los que existían hace uno o dos decenios, los avances obtenidos resultan alentadores. Sucesivas mejoras en el campo de la genética, reproducción, sanidad, nutrición y alimentación animal han permitido alcanzar metas productivas que parecían quimeras.

En el campo de la alimentación animal destaca el auge del desarrollo y utilización de los promotores de crecimiento. Se definen como promotores o estimuladores del crecimiento todas aquellas sustancias que mejoran la eficiencia con que un animal sano transforma el alimento que se le suministra en producto animal, sea éste carne, leche, lana, huevo, etc.

En los rumiantes los promotores de crecimiento se clasifican, según su lugar de acción, en dos grandes grupos. En el primero están los que actúan aumentando la calidad y cantidad de los nutrientes disponibles para ser utilizados por el animal, siendo su sitio de acción el tracto gastro intestinal donde disminuyen las pérdidas de nutrientes que normalmente ocurren durante el proceso digestivo. (ej.: antibióticos, drogas, arsenicales, sulfas) etc. El segundo grupo, y el más usado, lo constituyen compuestos que mejoran la eficiencia en la utilización de los nutrientes al interior de la célula. Dentro de este grupo se encuentran los anabolizantes, que corresponden a compuestos naturales o sintéticos que aumentan la deposición proteica en el animal.

En condiciones fisiológicas normales, todo animal regula su velocidad de crecimiento a través de complejas interrelaciones que se establecen entre los procesos de síntosis y degradación celular, los cuales son controlados por el sistema endocrino.

Las diferencias observadas en la velocidad de crecimiento y en el tamaño que alcanzan los machos al estado adulto en relación a las hembras, como también los animales enteros respecto a los castrados, señalan claramente el papel que juegan las hormonas sexuales como agentes anabolizantes.

Las hormonas sexuales esteroidales tanto masculinas (andrógenos) como las femeninas (estrógenos y progestágenos) o compuestos sintéticos con propiedades fisiológicas similares, han sido hasta la fecha los agentes anabolizantes más utilizados. Estos aumentan la síntesis proteica, pero debido a sus propiedades similares a las hormonas sexuales pueden presentar otros efectos como son aumentar la velocidad de crecimiento, mejorar la eficiencia de utilización biológica de los alimentos, modificar la cantidad y distribución de la grasa corporal, mejorar e incrementar la capacidad muscular para realizar trabajo y/o ejercicio. Estos efectos no se presentan en forma conjunta, y dependerá de la especie, sexo y edad del animal tratado, como también del agente anabolizante utilizado, los efectos que predominen. Por ejemplo, en bovinos los andrógenos se utilizan para aumentar la rapidez de crecimiento y mejorar la utilización del alimento; en cambio, en caballos se emplean para mejorar el apetito y la capacidad de trabajo.


Implantes

Actualmente existen una gran diversidad de anabólicos utilizados en bovinos (Tabla N° 1), siendo la forma más común suministrarlos a través de su implantación subcutánea en la base de la oreja, permitiendo de esta manera una absorción lenta por el organismo debido a que el tejido implementado posee escasa irrigación sanguínea, asegurando de esta manera un prolongado tiempo de acción que oscila entre los 90 y 400 días, dependiendo del anabólico empleado. Además la oreja es un tejido que no se utiliza para consumo humano, asegurándose de esta manera que los residuos que pudieran quedar en los tejidos adyacentes al sitio de implantación, son normalmente descartados. Se ha establecido que alrededor de 15 - 20% de la dosis original permanece inabsorbida en la base de la oreja.

Los resultados obtenidos en bovinos implantados con anabólicos demuestran claramente que se obtienen incrementos en la ganancia de peso y eficiencia de utilización del alimento que oscila entre 10 a 35%, respecto al animal testigo no implantado. Las mayores respuestas se han obtenido en novillos (machos castrados) cuando se emplea una asociación de andrógenos y estrógenos, a diferencia de las vacas, las que responden preferentemente a los andrógenos, siendo generalmente los toros refractarios a la acción de los anabolizantes. Los animales se imposibilitan como reproductores por los trastornos hormonales que les causan estas sustancias, siendo destinados exclusivamente para la producción de carne.

El empleo de anabolizantes trae consigo otros efectos sobre el animal, aparte de los ya mencionados, como es la producción de carne más magra, mejorando su calidad nutritiva y su aceptación por el público consumidor.

Se desconoce el mecanismo exacto por el cual los anabólicos producen un aumento de la masa muscular. Se postula, sin embargo, que actuarían sobre la célula muscular a través de una doble acción. Una directa que sería mediante la penetración del esteroide a la célula muscular, donde se uniría a un receptor que lo transportaría al núcleo, y de esta forma, por un mecanismo aún desconocido influiría en el metabolismo proteico. La vía indirecta señala que actuarían sobre el hipotálamo aumentando la secreción de la hormona del crecimiento, la que por vía sanguínea llegaría a la célula muscular, modificando el equilibrio hormonal de esta, aumentando las hormonas anabólicas y disminuyendo las catabólicas.


Riesgos

Si bien los riesgos de salud pública en la población que consume carne de animales que han sido adecuadamente implantados con anabólicos son nulos, debido a que los niveles residuales de éstos son similares o aun inferiores a los animales no tratados (sumado a que éstos son pobremente absorbidos cuando se suministran por vía oral), sin embargo aún existen dudas sobre el posible riesgo que pueda originarse al ingerir en forma crónica niveles mínimos de hormonas. Aún parece estar fresca en la memoria de la comunidad científica la evidencia entregada por el ginecólogo norteamericano A.L Herbst, quien demostró que las hijas de madres tratadas durante su gestación con dietilestilbestrol presentaban en su casi totalidad malformaciones del epitelio vaginal, que fácilmente puede degenerar en una lesión cancerosa.

En los países europeos y en EE.UU. el uso de anabólicos está cuidadosamente reglamentado, exigiendo un tiempo prudencial entre el periodo que el anabólico terminó su efecto y el sacrificio del animal.

A diferencia, en nuestro país no existe ningún tipo de control sobre el uso o abuso que se realiza de los anabólicos. Estimaciones muy preliminares hacen pensar que más del 50% de la carne producida y consumida en el país proviene de animales que han recibido algún tipo de agente anabolizante.

Es importante. que los profesionales encargados de administrar estos compuestos, como también los fabricantes de los mismos y las autoridades encargadas de la salud pública, tomen clara conciencia de que se trata de agentes que debidamente usados constituyen una irremplazable herramienta para mejorar la producción de carne, pero que también pueden caer fácilmente en el descrédito, por problemas de salud pública que sería lamentable que ocurrieran.



Juan Ignacio Egaña M.

Escuela de Ciencias Veterinarias
Universidad de Chile.


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