La inflamación, el fuego interno
( Creces, 2018 )

El mejor conocimiento del proceso inflamatorio, comienza este a relacionarse con la génesis de diversas enfermedades crónicas del adulto.

El proceso inflamatorio es la primera línea de defensa del organismo. Sin ella este estaría a merced de cualquier agente patógeno. Cuando la barrera defensiva se daña por cualquiera injuria o infección, se desencadena una clásica respuesta inflamatoria, que se manifiesta a nivel local por la aparición de cuatro signos clínicos característicos: enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor. Se sabe que en estas circunstancias la célula secreta substancias químicas (citoquinas) que incrementan el flujo sanguíneo hacia el área afectada, alertando al sistema inmunológico para que se prepare para la lucha. El calor se debe al incremento del flujo sanguíneo, el enrojecimiento a la dilatación de los vasos que traen sangre a la superficie de la piel, mientras que la hinchazón es la consecuencia de que los vasos se hacen permeables permitiendo la salida de líquido y células blancas hacia el tejido circundante. Finalmente son estas mismas las que atacan a los patógenos invasores para luego terminar eliminando los restos que hayan quedado.
Este proceso es el que se repite con diferentes características, según sea el órgano afectado. Si por ejemplo es la rodilla la afectada esta se hincha y aumenta su temperatura y duele al moverse. Si se trata de un resfrío, son los vasos sanguíneos de las vías respiratorias los que se inflaman, taponando la mucosa nasal, mientras que las histaminas inflamatorias estimulan la producción de mucus, produciendo tos y estornudos. De igual modo, en el caso de una gripe, se producen los mismos signos, agregándose dolores musculares y de cabeza.
En la actualidad el concepto “inflamatorio” se ha ido ampliando considerablemente al irse conociendo su participación silenciosa en el desarrollo de muchas enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2, la obesidad, la enfermedad de Alzheimer, la ateroesclerosis y también el cáncer. En comienzo la inflamación permanece silenciosa, pero termina finalmente manifestándose cuando por su desarrollo comienzan a producirse los trastornos característicos de cada una de ellas. Es así como se ha constatado tempranamente en el Alzheimer la presencia de células inflamatorias en las placas que se han ido formando en el interior de las arterias, siendo mucho más tarde cuando comienzan a detectarse los síntomas característicos de la enfermedad (Inflamación de ayer y de hoy).
La obesidad es otra enfermedad inflamatoria que se desarrolla en una aparente situación de normalidad. Una pequeña cantidad de depósito graso es una situación saludable y necesaria para regular, no sólo el sistema inmunológico, sino también el apetito y el metabolismo. Sin embargo, cuando se acumula más de lo conveniente, cambia el balance, incrementándose las cantidades de citoquinas inflamatorias, induciendo un lento proceso de inflamatorio. “La grasa en grandes cantidades es un tejido inflamatorio” afirma Derek Gilroy, inmunólogo del University College de Londres. (Caroline Williams: Fire Inside, NewSientist, junio 17 2017).

También en la diabetes tipo 2, hay un fuerte componente inflamatorio. Ello se manifiesta en el desarrollo de resistencia a la insulina y a la muerte de células pancreáticas. En el tejido pancreático se han descrito incrementos de citoquinas inflamatorias, como el factor de necrosis tumoral (TNF) y la interleukina 6, la que a su vez se sabe que induce resistencia a la insulina en el tejido pancreático.
Diversas investigaciones coinciden en que el cáncer y la inflamación van unidos durante el proceso de desarrollo de la enfermedad. Por una parte, el tumor distorsiona el tejido sano, impidiendo la reparación, lo que a su vez induce una proliferación celular y el desarrollo de vasos sanguíneos, ayudando con ello a que se expanda el cáncer. Aunque está claro que son las mutaciones genéticas las que en definitiva inician el cáncer, también hay evidencias que la inflamación envuelve los tejidos ayudando a que estas células se desarrollen (La inmunidad en el cáncer). Da la impresión que las células inflamatorias aparecieran allí como consecuencia de la injuria del tejido. Sin embargo, su presencia también es un misterio, ya que no parece que ejerzan una acción benéfica.
En resumen, la constatación de la inflamación en las enfermedades crónicas se ha llegado a constituir en un nuevo paradigma que no se sabe a dónde va a llegar. Por ahora sólo se puede señalar que son muchos investigadores que trabajando en el proceso inmunitario relacionando la inflamación con enfermedades crónicas del adulto.
* Para saber más, ver: “The fire inside”, New Scientist, junio 17 de 2017


0 Respuestas

Deje una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados.*

Buscar



Recibe los artículos en tu correo.

Le enviaremos las últimas noticias directamente en su bandeja de entrada