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    ( Publicado en Revista Creces, Septiembre 2003 )

    Después que en el mes de Julio (2003) se dio por superada la epidemia de fiebre asiática (SARS) en Canadá, ahora ha aparecido una nueva epidemia que preocupa a los médicos porque los tests de laboratorio sugieren que sería causada por el virus SARS. Sin embargo sus síntomas no son tan alarmantes. Los investigadores aún no saben si se trata del mismo virus o una mutación de él, u otro virus pariente del que ha matado a más de 800 personas en diferentes partes del mundo (Cuan serio es el síndrome respiratorio agudo). El hecho es que en una casa de retiro cerca de Vancouver, apareció una enfermedad respiratoria que se esparció rápidamente afectando a 97 de los 142 residentes y a 46 de los 120 empleados. De ellos han muerto siete personas. Como los exámenes de laboratorio resultaron negativos para gripe, se enviaron muestras al Laboratorio Nacional de Microbiología en Winnipeg. La preocupación se incrementó ya que la mitad dio positivo para SARS. Sin embargo, ninguno de los pacientes llenaba los criterios diagnósticos estrictos de SARS; muy pocos tenían fiebre, un síntoma clásico de la enfermedad, mientras que la mayor parte tenía romadizo. Muchos tenían tos, dolor de garganta, dolores musculares y fatiga, síntomas todos muy comunes en las gripes. De los siete que fallecieron, sólo tres presentaban síntomas respiratorios. Uno de ellos dio positivo para SARS.

      ( Publicado en Revista Creces, Marzo 1997 )

      La Antártida constituye uno de los sitios más desfavorables para la vida de animales y plantas, debido principalmente a la temperatura baja, pobreza en nutrientes de sus suelos y a los fuertes vientos. Sin embargo, existen algunos animales y plantas que son capaces de sobrevivir a estas condiciones en la Antártida Marítima. Con respecto a las plantas, sólo musgos y líquenes (organismos no vasculares, sin elementos conductores de agua y nutrientes) y dos plantas vasculares (Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis), del grupo de las angiospermas, han sido capaces de colonizar estos hábitats. La primera de estas plantas es una monocotiledónea de la familia Poaceae (gamínea) y la segunda una dicotiledónea de la familia Cariophyllaceae (la misma familia del clavel). Ellas crecen en forma de cojines achaparrados, de aproximadamente 10 cm. de altura, dispuestos en manchones (Fig. 1). El crecimiento y reproducción de estas plantas ocurren sólo en el verano. En invierno, la nieve las cubre con un espesor de uno o más metros. Contrariamente a lo que podría esperarse, la nieve no representa un gran peligro para la vida de estas plantas. Al depositarse suavemente en forma de cristales pequeños que dejan espacios de aire entre sí y entre ellos y la planta, la nieve actúa como una cubierta que las aísla y protege de las temperaturas bajas y del viento. Parece, entonces, que la planta goza en invierno de la protección de una especie de "iglú". Además, la detención del crecimiento (reposo) es otro factor que favorece la sobrevivencia invernal. En estado de reposo las plantas son siempre más resistentes al frío y a otros factores ambientales que cuando se encuentran en crecimiento activo. Es por ello que el verano, período en que la nieve desaparece y el crecimiento comienza, es la época de mayor peligro para la sobrevivencia de las plantas. En la época estival, la vegetación antártica está sometida frecuentemente a temperaturas congelantes (bajo 0°C), aunque la temperatura puede ascender en los días despejados hasta aproximadamente 8°C. Se ha comprobado que la capacidad de fotosintetizar (asimilar C02) de D. antarctica se mantiene en un 30% a 0°C, temperatura a la cual en la mayoría de las plantas este proceso cesa.

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